Sin ti no soy nada

Héroe o villano, o al revés

Cuando alguna vez me han preguntado si era rica, pregunta que por cierto apetece bastante hacer aunque no se haga abiertamente, siempre se me ocurre la misma respuesta: ¿Comparado con quién? Y esa es una respuesta aplicable a varias cuestiones banales que todos nos preguntamos de otras personas o a la que somos sometidos alguna vez. Para Francisco o Erlan, desde luego, soy una persona rica económicamente hablando. Para un niño hambriento del Congo, Erlan y Francisco son ricos, yo sería una especie de mecenas. Para el vecino de arriba que hace muy poco se mudó de éste bloque donde vivo, yo, no soy rica, Francisco y Erlan son pobres, y el niño del Congo la decadencia en persona, un fracaso consentido . Con los anhelos o sueños pasa lo mismo, mientras unos deliran con una comida en el Bulli, otros soñamos con saborear de nuevo aquel sabroso Sachertorte y muchos más subliman su fantasía con un plato caliente no importa de qué. Los hay que en éste preciso instante divagan con acaparar terrenos ahora declarados zona agrícola, porque alguien les ha chivado que pronto serán recalificados por el Ayuntamiento que corresponde. Mientras tanto, sus vecinos sueñan en el último plazo de la hipoteca de su casa. Y un poco más allá está quien desea conquistar el Everest, o vencer el Campeonato del mundo GP, o ser aclamado en la Opera de Viena haciendo de Don Giovanni. Y mucho, mucho más allá, hay alguien que después de un largo viaje de ilusiones de ida y vuelta, ha conseguido por fin realizar su sueño más ambicioso: Poder vivir otra etapa de su vida sentado en una silla de ruedas y estar bien de salud. Isidre Esteve, lo ha conseguido. Hoy, después de haber estado dos meses internado, ha sido dado de alta y dice estar feliz después de un grave accidente en el que casi pierde la vida.












Dedicado a NDD y a todas las niñas respondonas

Tu, eres impulsiva, generosa, pasional pero como casi todos lo hacemos, solicitas algún consejo aunque en tu proceder parezca que seas dueña de todas las respuestas. Los consejos, no son más que resultados experimentados por otros, así que no tienen más valor que el de hacernos compañía.


Cuando alguien te pregunta, si la pregunta te importa y te importa la posible respuesta y tienes suficiente espacio o tiempo para responder, has de hacerlo desde la reflexión. Has comprobado ya anteriormente que puede haber cómo mínimo tres respuestas válidas a una pregunta. Y digo tres por no decir más, porque de haber, hay muchas. Pongamos un ejemplo: XP, hace una afirmación y la argumenta. El tal XP, publica en un determinado medio dicha opinión y tú la lees y te molesta, no solo te molesta, ¡te enfada mucho! Después de asimilar lo que acabas de leer, respiras hondo y decides volver a leer aquel texto que acaba de indignarte por si acaso te hubieras saltado un matiz que se te haya pasado y cambiar el sentido de la intención del autor. Lo haces, lees de nuevo y compruebas que habías leído bien y que nada hay que te salve a ti de tu indignación y al autor de todos los rapapolvos que le caigan a partir de éste provocador texto. Decididamente has de responder aunque no hayas decidido cómo.

¡Ensaya!

Seguro que él lo ha hecho antes de escribir éste puñado de bazofia, y si no lo ha hecho, se merece que tu lo hagas. Ensaya antes, porque tu primera respuesta seguro que será la peor. Escríbela, léela, bórrala (pero no antes de haber escrito al menos dos respuestas más) aunque sea válida y mucho más indulgente que el amasijo de frases que la motiva. Deja pasar unos segundos y mientras vuelves a leer éste punzante texto. Vuelve a intentarlo con otra respuesta. Y otra, y las que te hagan falta hasta que des con la que más se acerque a lo que quieras expresar y aleje de mostrar tu enfado irracional. Ahora, ahora que ya has expresado en todas ellas todo lo que querías, ahora que por fin has dejado volar toda tu indignación, bórralas todas. Lo mejor es que te vayas a por un café y te olvides de responder. ¿Vale la pena? El día te responderá. Si cuando has cumplido con todo aquello que tenías que hacer, si has resuelto todo aquello que estaba por resolver, si has traspasado la barrera del prejuicio y del orgullo, del enfado y la rabia que sentías por una opinión y alejado lo suficientemente de ella para relativizarla, decide si valía la pena tu repuesta. Desde luego, si decides ejecutarla, tu respuesta será un cóctel de todas las que habías escrito hace muchas horas, pero seguramente será la que más se aproxime a lo que querías decir, será la más honesta, la más ajustada, la escogida. Ojalá tuviéramos siempre la oportunidad de tener todo el día para responder a algo que no nos ha gustado. Y no olvides nunca que la respuesta elegida será una más para su destinatario, pero habrá sido una lección para ti.

(en honor a un breve consejo dado por una mujer a una niña que respondía siempre cuando estaba enfadada sin importarle las consecuencias, y que no ha olvidado).



Y aún cuando la mañana amanece clara, limpia, jubilosa, puede ser que no halles motivos para disfrutarla. Puede ser que aparezca un porqué que empañe tu mirada. Es el sí pero no. Es el puedo pero no quiero. Es la mancha que ves y no consigues borrar. Es la elección. Podrías hablar de ella, podrías entristecer a éste reducido mundo en un solo minuto, podrías recordarle que también el, ella, y tu sois breves como la luz de éste radiante día . Pero no lo harás y concentrarás esa tonada en tu otra amiga llena de ilusión en el futuro, o en ese solitario compañero de barra matutino que te pide un inocente beso sin saber el por qué y te hace sentir importante un instante, hoy. Hoy, día espléndido despejado de nubes y con olor a jazmín, sé generoso para que pueda invocarte cuando tu luz se apague.


"...La geganta i el gegant,
ara ballen, ara ballen
La geganta i el gegant,
ara ballen i siempre ballaran "

De Joan Maragall.


Dedicado a un ruiseñor

Hay personas que hablan mucho y acaba diciendo poca cosa. Las hay, menos, que con cuatro palabras inundan de contenido el mensaje. Decía Galeano que un maestro en el arte de la escritura le aconsejaba siempre después de escribir, leer y borrar, borrar y solo dejar lo que realmente expresa algo. Y así, cogió el hábito de ir tachando líneas a sus textos y poesías hasta despojarlas de adornos vanos. Quien lee ha de recibir bien el mensaje y el mensaje ha de ser claro y sencillo Peaceful Easy Feeling. Un pacífico y fácil mensaje, eso es. Tenemos la costumbre de hablar mucho cuando en el fondo solo deseamos decir un te quiero, un te extraño, o algo así. Tenemos la costumbre de defender el mensaje, de eludirlo, de dilatarlo, de eternizarlo solo para aprobar o denunciar algo hasta que acabamos consiguiendo que quien lo recibe se aísle. Hay personas que aglutinan sus sentimientos y son capaces de reducirlos a la mínima expresión y consiguen su propósito. Comprimir el sentimiento hasta hacer que parezca fácil, solo lo puede hacer un artista.

Lo que sucede Maestro, lo que a veces pasa, es que uno, una, se consiente bailando con las palabras para hacerlas sonar acompañadas de la música que suena su interior. Es un canto que suena en aquel mismo instante o que ha sonado alguna vez y vuelve a hacerlo y es inevitable iniciar el baile en éste espacio en blanco donde se nos aparece una pista vacía que incita a invadirla a nuestro antojo ¿Te imaginas algo más atrayente? Cuando esto sucede, las palabras fluyen como por arte de magia aunque todos ya sepamos a estas alturas que no es magia, sino una especie de emancipación del espíritu, una especie de ilusión armónica en la que estas solo tú, esa música y en el centro, tu objetivo.


"Només vull una rosa vermella —va clamorejar el rossinyol—, només una. No hi ha cap manera que la pugui haver?

Si vols una rosa vermella —li va explicar el roser–, pots fer-te-la tu mateix amb música, a la llum del clar de lluna, i tenyir-la amb la sang del teu cor. Has de cantar per mi recolzant el teu pit sobre una espina. Durant tota la nit cantaràs i l’espina anirà penetrant dins el teu cor fins que la teva sang inundi les meves venes i es converteixi en la meva pròpia sang." Fragmento de El Rossinyol i la Rosa. Oscar Wilde