Hace días que intento seguir la noticia de los dos secuestrados australianos en Túnez por Al- Qaeda, que exige a cambio para su liberación, la liberación de sus presos en Argelia y Túnez y solo encuentro alguna pequeña referencia en público.es, en prensa extranjera, como Le Monde, por ejemplo, o en Aljazeera.net. Si alguien sabe de algún medio donde informen de éste hecho, agradecería me lo facilitarais. Merci i bon día


Si l'amor és com un lloc de descans, un refugi de la tempesta i existeix per a donar-te comoditat, està aquí per a mantenir-te calent i en els moments de dificultat quan éts sol, com el record de l'amor que duu a casa. Si l'amor és com una finestra, tal vegada una porta oberta i et convida a acostar-te més. I fins i tot si et perds i no saps què fer, el record de l'amor et veurà a través de l'amor.l'Amor que per alguns és com un núvol, per alguns tan fort com l'acer , per a alguns una forma de vida, per a alguns una forma de sentir . I l'amor és,diuen, per la celebració i alguns diuen per deixar escapar. I alguns diuen que l'amor ho és tot, i alguns diuen que no en saben rés. Si l'amor és com l'oceà, ple de conflictes, ple de dolor igual que un foc de tronc quan fa fred fora i plou... Si volgués viure per a sempre amb tots els meus somnis , els meus records d'amor seràn per tú

¿Ha sentido alguna vez arrepentimiento por posar sonriendo junto a una pila de iraquíes desnudos? "Realmente nunca lo he pensado", responde Lynndie England, una de las soldados estadounidenses condenadas por la torturas cometidas en la prisión iraquí de Abu Ghraib. En su primera entrevista en tres años, publicada en la revista alemana Stern, England admite que se ha sentido "una marioneta" del Ejército y que cuando se enteró de que las fotos de Abu Ghraib se habían difundido no sintió vergüenza, sino miedo. "Pensé, joder, me van a dar una paliza que te cagas".
La foto en la que England sujetaba a un preso iraquí desnudo atado con una correa como a un perro se convirtió en una de los símbolos de la infamia. "Supongo que soy un símbolo de esta guerra. Desafortunadamente", dice. Hoy, la joven reconoce que los abusos infligidos a los detenidos fueron tortura. "No sólo tortura sino una humillación". Obedecer órdenesPero England huye una y otra vez de la admisión de culpa. Cuando le preguntan si mirando atrás se avergüenza, responde con un largo silencio. "Para ser honesta, nunca me he sentido culpable porque obedecía órdenes", afirma England, que vive con sus padres en una caravana, tras cumplir en prisión 521 días de los tres años a los que fue sentenciada. Se escuda en que cualquiera que no haya estado allí no puede entender el contexto. Además, la soldado obedecía a su entonces amante y padre de su hijo: el sargento Charles Graner, el condenado de mayor rango en el caso Abu Ghraib."Seguía a Graner. Hacía lo que me pedía. No quería perderle", arguye la entrevistada, que insiste en que los superiores a cargo de la prisión -pertenecientes a inteligencia militar y la CIA- les instruían en técnicas para "ablandar" a los prisioneros e incluso felicitaron a Graner por el "buen trabajo". "La unidad que vigilaba Abu Ghraib antes que nosotros hacía lo mismo. Nadie dijo nunca ‘no toméis fotos' o ‘que no os pillen", explica. "Ocurría por todo Irak. Nuestros sargentos lo sabían, y todavía creo de veras que Rumsfeld sabía lo que pasaba. ¿Cómo podía no saberlo? Y Bush? Él era el jefe", añade.England no duda en echar la culpa a la prensa. "Me siento mal por lo que hice , pero no se habría convertido en lo que es en todo el mundo si no lo hubieran filtrado a la prensa". ¿Por qué sonreías en la foto de la pirámide de humanos, qué era tan gracioso?", le preguntan. "Sabrina Harman hizo la foto. Nos dijo ‘Sonreíd a la cámara', y eso hice".Precisamente Harman, autora de esa foto y de centenares más de los abusos de Abu Ghraib, es el foco de un reportaje de la revista The New Yorker, también publicado esta semana. La soldado era, según sus compañeros, "demasiado buena para ser soldado". "Sabrina no mataría a una mosca", decía su responsable directo, el sargento Joyner.Harman quería ser policía como su padre y, fascinada por la fotografía forense, no tardó en tomar cientos de fotos de lo que ocurría en Abu Ghraib, según ella, porque era difícil de creer. "No me creerías si no te lo enseñara. El impulso era enseñar lo que estaba pasando, lo que estaban permitiendo que pasara", dice.En sus cartas, Harman pasó de considerar algunas humillaciones "divertidas" a admitir que "están yendo demasiado lejos" y que no puede digerirlo. "Ambas partes de mí, la militar y la civil, la dura y la blanda, veían que estaba mal". Para sobrellevarlo, "el único modo es bloquearlo. No puedes sentir porque te vuelves loca, así que lo apartas de un plumazo", afirma."Hice fotos de todo lo que vi mal. Cada corte y rozadura. Rodillas ensangrentadas, muslos amoratados en la zona genital". Cadáveres. Y presos en posiciones humillantes. Sus fotos -en algunas de las cuales ella sonríe- dieron la vuelta al mundo. Fueron la prueba para impartir condenas. Nadie ha sido condenado por abusos que no hayan sido fotografiados.
fuente: público.es

No deberíamos, por nuestro bien y el de quienes amamos, quedarnos instalados en una única idea, en una sola imagen, en un solo lugar ni en una sola persona. De hacerlo, sufriremos nosotros y haremos sufrir más de lo necesario a quienes nos aman y necesitan temporalmente. No hay nada más destructivo y punzante, incluso si pensamos que es el gran amor que nos inspira a tal inclinación, que el sentimiento de dependencia que nos desvía de la realidad y nos conduce a la anulación de nuestro yo y nos aleja del intento de distinguir muchas y diversas posibilidades de nuestro alrededor.
Apasionarnos, impacientarnos, dudarnos, enrabiarnos, todos sabemos lo que es y todos podemos controlar estas emociones que aunque humanas y lógicas todas, no son más que descargas pasajeras que casi nadie nos ha enseñado a controlar adecuadamente o a tiempo y que llevadas a extremos, no hacen más que dramatizar un aprendizaje ineludible.
Enseñar a pensar no es nada fácil, aprender a pensar es mucho más complicado todavía. Pero nada de las dos cosas se encuentra lejos de nuestro alcance y es por ello, solamente, que vale la pena intentar hacerlo y hacerlo bien.
No hay formulas mágicas para pensar bien, hay formulas que ayudan y ayudantes que lo hacen responsablemente. También hay errores, algunas veces bellos errores que efímeramente nos puede parecer una ayuda pero que simplemente nos acompañan en esta especie de paralización emocional en la que solos, nunca deberíamos olvidarnos de ello, y creyéndonos velados por un sentir superior y digno, hemos decidido instalarnos.
Y como las formulas para desinstalarnos de lo que nos hace dependientes a una idea, a un lugar o a una persona, no son mágicas ni siempre detectables a simple vista, habrá que dejar que sea el tiempo quien nos ayude a encontrarlas o nos las ofrezca mientras vamos aprendiendo el duro trance de lo que significa resistir.

Si hemos resistido a la pena de un abandono, si hemos resistido al desasosiego que sentimos al alejarnos de algo o de alguien, si hemos aguantado la decepción que significa distanciarse de una idea que nos ha tenido atados fugaz o prolongadamente en un tiempo, descubriremos dos cosas, una, es que hemos sabido confiar en nuestra fuerza y en la de otros; la segunda, que hemos crecido y que crecer nos aporta tranquilidad y paz. No hay formulas garantizadas que nos aporten al menos, rápidamente, dicha seguridad y nos ofrezcan a la vez que descansamos en ella, nuevas ganas de experimentar sucesos y capacidad para, de nuevo, sentirnos encantados y poder disfrutar de emociones extraordinarias que son, al fin y al cabo, las únicas que nos hacen sentir totalmente vivos, pero una primera formula seria entender cuanto antes mejor, que estos contrapiés, los ya superados y los que nos quedan por superar, no los hemos descubierto por primera vez nosotros ni están ahí únicamente para nuestro goce o desdicha, si no, que se han cruzado en nuestro camino para darnos la oportunidad de aprender algo, cualquier cosa, imposible de adivinar en el momento que la vivimos, que nos será útil en nuestro futuro porque éste será, al fin y al cabo, será, ni más ni menos, la lección que nos está brindando nuestro presente. Nada menos que un cúmulo de situaciones, lugares y huellas humanas establecidas a nuestro gusto y criterio, pero, todas transitorias, con el único propósito de enseñarnos a vivir, a comprender, a traspasar vallas hasta poder alcanzar la sabiduría necesaria para hacer el gran salto a un abismo, quizá por fin, satisfactiorio.
Para enseñar a pensar y aprender a hacerlo, no hay fórmula maravillosa ni infalible, solo existe la posibilidad de conseguirlo a base de un duro entreno. Entrenarnos en el arte de hacer, de pensar y de soltar, en este orden. Y tener en cuenta que en el momento de soltarlo, por más que duela hacerlo, cerramos una ventana y abrimos otra a la lección, a la calma y de nuevo a una mano abierta que nos hará y será nuestra compañía. Nunca nuestra salvación.


Cuando un ser querido sufre, sufrimos, pero, mejor o además de sufrir con él, será mejor que intentemos pensar y hacerlo bien porque él no puede en éste momento.

Bon día


La voz de la acreditada psicología aconseja que a los niños, no hay que protegerles en exceso ya que de hacerlo, podríamos crear inseguridades en ellos inútiles de las que les costaría desprenderse de mayores y les barrarían la traslación hacia la madurez. El niño de Huelva, ya adolescente, que gracias al TSJA no asistirá a las clases de Educación para la Ciudadanía, debe sentirse feliz de que sus padres hayan ganado la cruzada por él. O al menos, serán sus padres los que deben sentir esta felicidad que da vencer una penosa estratagema. Junto a estos padres hay otros padres de Málaga y Cáceres que se han unido a la objeción y al derecho de que sus hijos e hijas no sean adoctrinados, dicen, bajo ningún concepto ni pretexto. Lo que en principio y cogido con pinzas podría ser una alegoría a los derechos, me da la impresión de ser una rebuznada magistral por parte de los padres bendecida por la justicia, que ya sabemos que a veces, es indebida. Aunque la prestigiosa psicología recomienda el no exceso de proteccionismo, cierto es mirado desde la experta practica, que a corto plazo el exceso de proteccionismo da a estos padres e hijos resultados y satisfacciones, que, por un lado se sienten protegidos y reforzados, y por otra, libres en su cuartelillo donde casi siempre manda el nene grumete, directa o indirectamente. Ya llegará el día que descubran unos y otros, las desventajas y desventuras de tal incoherencia y entonces, serán ellos también los que reclamaran salvavidas a los mismos que hoy sitúan en un punto de mira, sospechosamente incorrecto. Proteger a adolescentes de dificultades, es mimbar sus defensas ante estas cuando estas dificultades sean más y mayores y no hayan padres, tribunales ni dioses absurdos para echarles una mano. ¿Y ahora qué? Me pregunto. Una vez obtenido el derecho de que sus hijos se ausenten de ésta clase porque a ellos les sale de los cataplines, ¿que piensan hacer y qué esperan demostrarles? Si siguen reclamando con la misma fuerza todo lo que alrededor de sus hijos les adoctrina para mancillar su criterio y les perjudica éste, les estarán dando un claro ejemplo de no subordinación, si por el contrario, ha sido un capricho ideológico por parte de los padres llevado a los extremos y se queda ahí, les estarán dando un claro ejemplo de debilidad, aunque, tardarán muchos años en verlo y costará lágrimas de sangre reconocerlo.