El sexo de los ángeles

Una de las más lamentables carencia de información que han padecido los hombres y mujeres de todas las épocas se relaciona con el sexo de los ángeles. El dato nunca confirmado de que los ángeles no hacen el amor, quizás signifique que no lo hacen de la misma manera que los mortales. Otra versión, tampoco confirmada, pero más verosímil sugiere que, si bien los ángeles no hacen el amor con sus cuerpos por la mera razón que carecen de erotismo lo celebran, en cambio, con palabras, vale decir, con las orejas. Así, cada vez que Angel y Angela se encuentran en el cruce de dos transparencias, empiezan por mirarse, seducirse y sentarse mediante el intercambio de miradas, que, por supuesto, son angelicales. Y si Angel para abrir el fuego dice "Semilla", Angela para atizarlo responde "Surco". El dice "Alud" y ella tiernamente "Abismo". Las palabras se cruzan vertiginosas como meteoritos o acariciantes como copos, Angel dice "Madero" y Angela "Caverna". Aletean por ahí un ángel de la guarda misógino y silente y un ángel de la muerte viudo y tenebroso. Pero el par amatorio no se interrumpe. Sigue silabeando su amor. El dice "Manantial" y ella " Cuenca". Las sílabas se impregnan de rocío y aquí y allá, entre cristales de nieve, circula en el aire, sus expectativas. Angel dice "Estoqueo" y Angela radiante, "Herida", el dice "Tañido" y ella dice "Relato". Y en el preciso instante del orgasmo intraterreno, los cirros y los cúmulos, los estratos y nimbos se estremecen, entremolan, estallan y el amor de los ángeles llueve copiosamente sobre el mundo. (Mario Benedetti)

A veces, desearías llorar pero es imposible hacerlo. Hay momentos que la mente quiere llorar y el corazón se lo impide, o puede que sea a la inversa y es la mente quien no deja que el corazón llore aunque los dos, corazón y mente, uno triste y el otro lúcido, están unidos en un acuerdo sereno: La muerte a veces, es un regalo de Dios.
Después de unos días de abandonamiento alejada de casa, alejada del día a día y cerca del mar, suena el teléfono para anunciarte la muerte de una persona muy querida, Genoveva.

Genoveva, es mi prima porque se casó con mi primo y a la vez padrino, Manel, y también era la hija mayor de la portera de Padilla. Hace ya muchos años se enamoraron y decidieron casarse y tener tres preciosas y buenas hijas que la querían y lo demostraban, además. Genoveva, era rubia antes de perder su cabello en las sesiones de quimioterapia. De un rizado rubio de finos cabellos y unos ojos azules de un azul de mar, precisamente, que siempre estaban muy abiertos buscando todos los pequeños detalles que tu creías invisibles a simple vista. Para Genoveva, era fácil descubrir la falsedad de una correa en un reloj de marca o saber si unas perlas eran autenticas o un fraude solo mirándolas a cierta distancia. Por otra parte, Genoveva no era demasiado presumida y siempre estaba peleando entre su hambre y el maldito régimen que no abandono en toda su vida aun sin obtener de aquella fidelidad, demasiada correspondencia. Si algo admiraba de ella, es que siempre estaba dispuesta a reírse de si misma y de quien se prestara o diera pie a hacerlo. También la alegría que demostraba al encontrarse con cualquiera de nosotros en el rellano de la escalera de Padilla, o en una celebración familiar, o cada 1 de Enero en su casa donde se seguía celebrando sin falta cada año Sant Manel, y en la que nunca faltaba nadie porque las risas y evocaciones familiares estaban asegurados. A ella fue a quien confesé mi supina ignorancia a los 17 antes de subir al altar, y ella fue quien me desveló con naturalidad, y también con risas, algunos de aquellos secretos que a nadie más, ni siquiera a mi propia hermana, hubiera consultado nunca. Genoveva, era robusta y necesitaba de aquella robustez física para resistir los años de mucho trabajo y esfuerzo que la esperaban y desempeño en aquel puesto del mercado de la Sagrada familia. Genoveva, tenía un buen culo y grandes caderas, decía, pero eran más grandes sus reaños que le sirvieron para resistir, igualmente, el compartir los escasos ochenta metros en aquel piso de Padilla que nunca abandonaron, en el que ha muerto, y en el que ha vivido muchos años al lado de su marido, sus tres hijas, su suegros y con Mamen, la señora que había cuidado de su marido cuando era pequeño y que éste no quiso abandonar a su soledad en le vejez. A pesar de todo ello, Genoveva, era capaz de sacar el humor de donde quedaba un cacho y transmitirlo. Pero un buen día, hace ya más de un año, justo cuando comenzaba a disfrutar de su cosecha, le detectaron un cáncer que la ha llevado después de dos operaciones a casi una total inmovilidad y ha ido borrando de ella prácticamente todo, excepto su sonrisa. Esa sonrisa infantil, quizás inconsciente o quizás no, que ha mantenido hasta ayer . Pero, esta maldita enfermedad no solo ha acabado con ella, sino con algo de todos nosotros. Se acabaron los días 1 de Enero en casa de primo . Se acaba con Genoveva la parte viva de una familia , la versión fresca y alegre de lo que debiera ser siempre. Con Genoveva , se acaba un ciclo también para mi que recordaré mientras viva porque ha sido autentico .

Bon repos, Genoveva. T’estimem.

A veces, crees que no vas a poder llorar nunca algo que te duele y las lagrimas aparecen por el motivo más absurdo. Cuando al otro lado del teléfono alguien te pregunta qué flores deseas enviarle, o qué dedicatoria ha de acompañarlas y quisieras reflejar en estas todo lo que sientes y no puedes porque no hay flor ni dedicatoria breve que sea digna. Simplemente y por fin, lloras.
Unos días fuera, viajando. ¿Viajando? No, viajar es otra cosa muy distinta. Decir viajar es inexacto cuando solo han sido unos días lejos de la rutina. O tampoco tan lejos, porque es corriente estar entre personas ávidas de diversión, deseosas por comer bien y demasiado, o afanosas por consumir cualquier cosa a la que sean invitadas. Unos días de abandono es más preciso. Porque en realidad, la única diferencia está en que durante unos días, estos días, te has sentido más que nunca parte de un grupo de personas convencidas de que había algo aún por hacer y que mientras tanto, hacías por hacer todo aquello que forma parte de un plan, de una programa diseñado de antemano para dejarse arrastrar por la inercia que empuja a todos hacia el mismo lugar, precisamente, para no dar tiempo a pensar. La mar ha estado en calma meciendo a más de tres mil personas a menos de veinte nudos a la hora para que todas pudierais olvidarla mientras buscabais algo para comer y beber aun sin hambre o sed sentados por aquí o por allá, a la vez, que algo parecido a un barco iba haciendo millas lentamente y os transportaba. Y mientras ella, serena, arrastraba todo un mundo insensible a su positiva influencia, y mecía lentamente ciento quince mil toneladas de masa, la muchedumbre, alejada del mar más que nunca, buscabais lugares parecidos a los de siempre para hacer algo diferente. Y es verdad que aunque no ha sido un viaje, ni han sido unos días muy lejanos a la rutina, ni había en realidad nada diferente a tu alrededor, has encontrado la única manera de dar con esta diferencia acercándote a mirarla, a mirar la inmensidad de una mar plácida que también rodea una isla placida y cercana que parece encantar del mismo modo a sus habitantes con una dulzura y una cordialidad insólitas, mientras soporta felizmente la invasión de miles de forasteros que llegan desde la misma mar a visitarlos. Desde un mar ,en calma, impasible hasta a nuestra indiferencia.