Son ideas contenidas para suspender distintos pensamientos y emociones, decisiones y hechos que un día quedaran sepultados en el país del olvido y que nadie podrá descubrir jamás porque tu así lo has decidido en un leve gesto que has detenido.

La coherencia, según mi opinión, bien pudiera haber sido interpretada por muchos socios al revés: Dimisión (por no tener un amplio y claro apoyo) Pero ya sabemos que no está de moda tomar decisiones drásticas, ni mucho menos aceptar que has sido motivo de incomodidad y responsable de errores irreparables. En éste país, dimitir, es interpretado como una renuncia o una resignación hacia un hecho, y no se ve como una cesión simplemente en la que el protagonista pone a disposición su mandato y responsabilidad a la espera que éste sea avalado nuevamente o substituido en aras a restaurar un equilibrio perdido (aunque sea infundado). El que dimite, normalmente, demuestra más confianza y valor que el que se aferra a su cargo pero el que no dimite, demuestra así dos cosas sin discusión: Una, que es muy persistente, valor bueno o malo q depende del fin que lo motive. Otra, que nunca ha visto en el término, dimisión, un valor positivo.
Para mi, el que no valora una dimisión en tiempo de conflicto cuando ha generado una inquietud en un amplio número de personas que son reclamadas a dar su opinión y lo hacen, no comprende exactamente lo que tienen detrás, o si lo hace y le importa un pito. Y detrás tiene una mayor responsabilidad porque al reto pendiente con el que no ha sabido cumplir en su día, se le añaden los que han de venir.
Nadie dice que mandar sea cosa de débiles, pero dimitir (ceder), tampoco lo es.
Se olvidaron de los Derechos en la Declaración de los Derechos del Hombre: El de contradecirse y el de marcharse (Baudelaire)

2. “La España foral, compuesta de estas cuatro provincias con los fueros que conservan”. (Bizkaia, Araba, Gipuzkoa y Nafarroa)



Lo primero que piensa una persona que nunca ha viajado en barco, es en el temor a marearse por el excesivo balanceo del barco. A no ser que el mar este muy afectado por una tormenta o por el fuerte viento, es imposible apreciar el movimiento de esta mole marina, así que no es este temor el que nos tendría que frenar para viajar en un crucero. Si algo hay que plantearse antes de tomar la firme decisión, es si estamos dispuestos a pasarnos más de diecisiete horas seguidas (+ -) sin poder acceder a ningún otro sitio que no sean las dependencias que nos ofrece el barco,ya que es más o menos el tiempo que el barco navega lenta pero constantemente hasta llegar al próximo puerto. Lo segundo, es si estamos dispuestos a renunciar a elegir restaurantes y la ruta de los lugares que visitamos, ya que en un crucero, las comidas están incluidas desde el desayuno a la cena pasando por la merienda y las vistas a los puertos, están limitadas entre 4 y 24 horas en el mejor de los casos, teniéndonos que adaptarnos a estos horarios, sin remedio. La elección del barco, es importante. Para unos, un barco espectacular como el de las fotografías, es lo ideal, es lo que habían soñado y son capaces de descubrir hasta el último rincón de este. Para otros, este tipo de barco que podría ser llamado FLOTEL, perfectamente, rompe los esquemas de lo que había imaginado porque no encuentra en estos barcos ningún tipo de romanticismo ni sensación de aventura. En cualquier caso, nunca decepciona su influjo y majestuosidad y como máximo, podemos decidir no volver a probar la experiencia, aunque difícilmente pasado el tiempo, la recordaremos como negativa. 

Hay que elegir un camarote y en este punto nos perdemos a la hora de decidirnos. Las compañías que ofrecen distintas gangas en la red, siempre o casi siempre, intentan pescarnos con precios atractivos pero hay que tener en cuenta que siempre nos ofrecerán el camarote de categoría más inferior. A partir de ahí, cualquier circunstancia añadida: viajar con un niño o dos, elegir la fecha o un camarote superior con ventana o balcón, etc., inflará el precio y nos hará titubear. No equivocarse, hay que tener claro hasta donde llega nuestro presupuesto y hay que tener claro si nos afecta que en dicho crucero se hable mayoritariamente el inglés. Casi todos los barcos que hoy navegan por el Mediterráneo y por en norte de Europa, tienen oficialmente el ingles como idioma, y aunque hay algunos barcos de compañías españolas en los que el castellano es el idioma oficial, estos dejan, en algunos casos, la calidad de lado para ofrecer a cambio cantidad en muchos sentidos: de comida mediocre, de pasajeros con los que compartiremos las estancias del barco, y de posibles sorpresas no siempre agradables. No es lo habitual, pero sucede y han sucedido, a menudo, incidencias que han llegado a ser noticia en dichas compañías. Aun así, son para el público español las más frecuentadas y solicitadas.

En resumen, podemos decir hoy, ya, que hay un barco para cada bolsillo y gusto, incluso los hay para solteros o gays, y si queremos hacer unas pequeñas vacaciones a bordo de uno de estos barcos, tendremos que calcular nuestro presupuesto y afinar nuestra elección coherentemente con la idea que nos habíamos formado de este tipo de viaje. Y sobre todo, desconfiar de lo que leemos en internet hasta comprobar vía teléfono, correo. mail o visitando nuestra agencia más cercana, si el producto que nos anuncian, es viable realmente, porque es muy fácil que haya caducado ayer, precisamente.
La autentica literatura es algo más que juntar palabras con sentido. No es complicado juntar estas palabras, darles un sentido y además disfrutar o sufrir, a veces. Ello, demuestra que es más que un deseo de expresarse lo que hay detrás, aunque para hacer literatura es obligatorio algo más. Es útil haber leído mucho y es útil, sobre todo, haber escuchado y mirado mucho para conseguir que lo escrito se eleve al nivel de literatura.
Aquí mismo, hice alusión a la noche de Sant Joan. Hoy, cuando la mayoría de personas nos hemos olvidado casi de ella, alguien la recuerda haciendo uso de las palabras y transformándolas en autentica literatura. Los pocos petardos que han sonado, han explotado y desparramado su fuerza más allá del límite previsto. Las burbujas del fresco cava que ha escarchado nuestra garganta, aunque efímeramente, aún desprenden su efecto mágico y travieso hasta hoy:
…Amb les mans a la butxaca i el cigarret penjant als llavis, em perdo pels anys ’50. L’airet i l’olor a pólvora, el perfum de les plantes, el quisso que ve a ensumar-me les cames, les musiquetes i que ja s’està fent de dia… Avui dormiré amb la porta oberta per que corri l’aire, a l’antiga, com en aquells anys en que Eisenhower era President i el món era més ingenu i més confiat… (Otger Miralles)
En tiempos de crisis, es de sobras sabido, que todo ha de durar más allá de lo que dicen las etiquetas y los impulsos. Estaría bien, racionar las proteínas que consumimos en exceso, el aceite que mal gastamos tanto como el agua o la gasolina. Sería conveniente andar más y hacerlo más lentamente para poder observar a nuestro paso lo que hay en éste andar. También, podríamos ahorrar palabras para cuando las necesitáramos de verdad, y a poder ser, conservar los bellos recuerdos, usarlos y estirarlos como si fuera la masa del añorado pan que hoy, ya no honra nuestra mesa. Ensancharlos, extenderlos, aumentarlos y desarrollarlos y de los mismos crear otros diferentes para que cobren fuerza y ennoblezcan las memorias, las mesas y cualquier obra.