NocheVieja

En la calle suenan cohetes. Alguien recibe al año nuevo igual que si fuera verbena, como cuando marca su equipo favorito. Aun queda alegría por gastar. A pocos minutos de recogerme en la cama aparecen pensamientos abstractos, en desorden, ligeramente embriagados.  Mi balance algo surrealista que intentaba ser objetivo queda en el baúl de los alegatos a nadie. No hay balance, o si lo hay, es demasiado íntimo para exhibirlo.  En la cama el tiempo pasa deprisa. Cuando quieres dormir las horas avanzan para decirte que aun lo has conseguido. Cuando duermes pasan deprisa porque la conciencia descansa. El compás cede una tregua al pensamiento. El pensamiento se detiene. No especulas. Escuchas, a la vez, como suenan los mensajes en el móvil, suena el teléfono, suena la felicidad en deseos, tintinean tus deseos de felicidad para los demás. Ritual permanente. Mañana será, otra vez, otro día. Entiendo la necesidad de estar acompañado en días como hoy. Estar plácidamente ante uno mismo, esta noche, sin nada que decir, sin nada que escuchar, sin nada que recoger o servir, vivifica momentos que ya pasaron. Reaviva a personas que ya no están. Los recuerdos invaden el espacio que otros ocupan lejos de aquí. Los que hacen ruido son los que llenan cualquier espacio para que, totalmente cansados, podamos librarnos tras el agotamiento que ellos nos causan. Sagrado cansancio. Sin ruido no hay necesidad de conquistar el silencio. Sin ruido no hay ganas de explicar, más tarde, el porqué ni el porqué no. Los clicks, los rings, los dongs, son insuficientes para rematarnos. Y sin embargo, es bien acogida su cadencia escueta y simple. Estos breves sonidos, este retumbar de cohetes, son la esperanza que hay vida tras esta larga noche que lo es porque hay savia desafiando a la noche. Cuantos desafíos por cumplir, aún. Cuanta cruzada por conquistar. Cuando todo se cristaliza en un propósito….Si nos lo propusiéramos…

BON ANY! URTE BERRI ON! FELIZ AÑO!

La Vache qui pleure

Si les lleis per alguns son tan esplèndides, no m'estranya gens que els governs d'aquest país hagin de treure'n d'allà on sigui, del deute als autònoms, del sou mileuristes,  per exemple, de sota les pedres...per mantenir-les. Per uns, la majoria, la jubilació als 67, per altres, (...) quant calgui, 51, 55. No ve d'un pam, paga la Vaca Consagrada.


Edición coraza




Ahora, cuando apenas quedan leedores, cuando casi nadie que observa, cuando no pululan por el lugar ofuscados adeptos ni instruidos críticos, es el momento de despertar y decir. Es el mejor momento para preguntarse y responder. Demasiado tiempo sumidos en la reflexión para no aprender nada acaban con la necesidad de razonamiento. Porque no se aprende nada desde la observación sin mueca, sin paso, sin reto. El paso hacia delante o la marcha atrás en lo incuestionable. El gesto de hacer donde nadie te llama hacer, o detenerte en aquello que te involucra.  El reto de intentarlo o de no tener nada que acordar ni nada que demostrar.  Hacer, como decir, es un movimiento adelante que a veces hay que frenar. Un impulso en busca de una lógica sin eco que a veces hay que serenar a la espera de un posible error soslayado, o de un sentimiento incomprendido, o incomprensible, que no encuentra lugar para asentarse. Hay fuerzas insondables que no has considerado y tal vez conviene dejarlas emerger mientras observas tus propias fuerzas y las de aquellos que apenas las tienen, y las de quienes piensan tenerlas todas. El discurso no siempre termina en lección, ni tampoco la lección ha de ser la enseñanza, ni la enseñanza ha de definir lo que has aprendido.  Tampoco la ira, o el enfado, han de acabar siempre en batalla ni la batalla hace al ganador digno de cortesía y al perdedor un sometido. Cuando comprendes lo que el tiempo te ha dado en provisión y soslayo entiendes lo que no has de seguir intentando comprender, ni seguir explicando, ni tan solo intentar poner en práctica. En ocasiones hay que concebirse vencido o dimitido, y esperar que el tiempo, que no se ofusca, que no guía, que no se preocupa, te enseñe lo que has ganado perdiendo, o lo que has  perdido en la victoria. O, tal vez, se exprese sin mensaje y concluyas que no hay sometidos ni conquistas, solo hay muecas y gesticulantes, pasos y caminantes, retos y combatientes. Un camino sencillo que hay que andar siguiendo sin deducción.  

La parábola del elefante


Seis hindúes sabios, inclinados al estudio, quisieron saber qué era un elefante. Como eran ciegos, decidieron hacerlo mediante el tacto. El primero en llegar junto al elefante, chocó contra su ancho y duro lomo y dijo: «Ya veo, es como una pared». El segundo, palpando el colmillo, gritó: «Esto es tan agudo, redondo y liso que el elefante es como una lanza». El tercero tocó la trompa retorcida y gritó: «¡Dios me libre! El elefante es como una serpiente». El cuarto extendió su mano hasta la rodilla, palpó en torno y dijo: «Está claro, el elefante, es como un árbol». El quinto, que casualmente tocó una oreja, exclamó: «Aún el más ciego de los hombres se daría cuenta de que el elefante es como un abanico». El sexto, quien tocó la oscilante cola acotó: «El elefante es muy parecido a una soga». Y así, los sabios discutían largo y tendido, cada uno excesivamente terco y violento en su propia opinión y, aunque parcialmente en lo cierto, estaban todos equivocados.

"Parábola de los Seis Sabios Ciegos y el Elefante"
fuente: La Piedra de Sísifo



Al fin, se trata de reclutar cegueras para resolver algo y no de aferrarse en un despótico punto de mira dispuesto más arriba o más abajo. Un elefante es todo esto y mucho más.  La fantasía es otra historia.

Fiblades




A vegades ens cal que algú  ens recordi el que nosaltres no recordem. Per un cop de sort, a vegades, algú que ni coneixem ens fa pensar en allò que mai havíem pensat, en allò anormal que consideràvem  del tot normal, i no ho era, o ha deixat de ser-ho.  Algun dia, quant hagis assumit que ets gran, perquè gran ja ho ets des de fa molt de temps, t'adones que hi ha gent gran molt petita i gent petita que es fa gran de cop. Potser quant algú, des de mes avall on ets tu ara , et baixi d'aquest nuvol altiu, blanc, flonjo i suau en el que passeges amunt i avall observant un altre mon que et sembla aliè i mesquí ,  descobreixis el seu ventre, suaument i clar , que també amaga dolços racons. Dona gràcies que la baixada sigui per la fortuna de trobar-te un mestre . Recull amb gust aquest cop de mà estrany , agraeix haver tingut un bon o una bona  mestre per descendir lentament  del teu nuvol sense greus ferides. Un mestre que t'estima. Un mestre savi que quasi no et coneix. Un mestre generós. Tant se val d'on i com arriba la saviesa,  el que compte es que tinguis la sort de trobar-la abans que el teu nuvol es fongui  sota els teus peus quant el talent i la força, junts, et deixin caure sense avisar-te. Potser et punxi  la lliço, vacuna de vida, però que no et rellisqui.  Fiblada breu i lliçó per sempre.




Ojos que No ven lo que No les interesa

Recuerdo muchas escenas aún de Mary Poppins, sin duda, es la película que he visto más veces. Me cautivó cuando la vi de niña por primera vez, probablemente, hechizada también por esa niñera que llegaba del cielo a poner algo de orden en la acomodada pero poco alegre vida de los Banks. Una hermosa dama confiada en un paraguas descendía allá donde era útil en respuesta a una tierna carta de unos niños que tenían de todo menos una mano firme, cariñosa y propicia a su lado.  Con solo unos días Mary consigue motivar a Jane y Michael y mostrarles que lo que hay que hacer es imprescindible hacerlo bien, y que puestos a hacerlo puede hacerse de manera divertida, y que una vez hecho, casi siempre hay un extra esperando. No hay lección para niños en la que no asistan los padres.  La institutriz lo sabe pero antes ha de demostrarlo. Con un poco de azúcar esa píldora que os dan, la píldora que os dan…pasará mejor.

La vi, le he visto muchas veces. No sabría decir cuántas. Me gusta el gesto serio de Mary mientras de reojo, observa, disimuladamente divertida,   el semblante de los niños contemplando, atónitos, la magia de su institutriz mientras asienta orden donde hay caos. Me gusta cuando pasean con su amigo Bert  y  los 4, de la mano,   saltan por arte de magia dentro de un mural pintado que destaca en la aburrida acera. Me gusta la expresión feliz de los niños al sentirse atendidos y guiados. Me gusta el baile de los deshollinadores en los tejados porque es como una revolución a oscuras y Al compás. Me gustan los pies abiertos de Mary que significan estabilidad, porque son una especie de parapeto que intenta proteger sus convicciones ahuyentando a las dudas y a los fluctuosos. Me gusta que los niños sucumban al sueño cuando Mary decide cantarles una nana que les invita a abrir los ojos. Y sobre todo sigue gustándome la orgullosa expresión de Mary  cuando, tras la ventana,  ve alejarse a Jane y Michael saltando y cantando cogidos de la mano de sus padres que por fin han aprendido la lección. Si no nos riñe ni castiga… sabremos hacer lo que nos diga…

Pero después de verla tantas veces, no habría sido capaz de recordar la escena del mensaje que ocupa un artículo de Sala Martí, nuestro erudito economista. Da que pensar. Eso me confirma mi escasa capacidad para pillar mensajes al vuelo, mi poca disponibilidad para asuntos de economía y, seguramente, alguna cosa más...



Profecías autorrealizadas (Xavier Sala i Martín)

Una de las escenas más interesantes de Mary Poppins es cuando Mr. Banks intenta impedir que su hijo Michael se gaste dos peniques comprando alimento para pájaros y lo lleva al banco para que ingrese ese dinero. Una vez ahí, el director, un anciano llamado Mr. Dawes, le canta las bondades de la frugalidad, la prudencia y la inversión financiera y le quita los dos peniques de la mano. Al verlo, el niño grita enfurecido: ¡devuélvame el dinero! La protesta del niño es interpretada por una cliente como que el banco no puede reintegrar a sus depositantes y, alarmada, vocifera: ¡este banco no es seguro!, ¡devuélvanme el dinero a mi también! Enseguida cunde el pánico y todos los clientes, alarmados, corren hacia los cajeros para retirar sus ahorros. En menos del que se tarda en decir “supercalifragilisticoexpialidoso” el banco, arruinado, es obligado a cerrar puertas.