Perquè bufa el vent

 
M'agrada un dibuix que l'Otger Miralles ha penjat al bloc que visito sovint. Jo també estic en aquesta barca. Ex vot. Fa anys que navego entre la mar i la terra,  per esvair els ritmes terrenals que no puc suportar, i que comencen a ser molts i freqüents. Potser també soc filla de mala gent, contrabandistes o pirates, potser no, i n'era de pagesos sorruts i el lloc petit que em correspon no em convenç del tot. La cosa es que intento allunyar-me tan com puc dels tancats de terra en dins que mengen molt i deixen poc menjar.  I sempre mirant enlaire per si de cas i trobo alguna cosa que trepitjant ferm no es pugui trobar.  Rumiar i somiar. Amen o Anem. Questa es la qüestió.



  Hay algo más descorazonador que observar desde la distancia quemar una zona maravillosa, más azaroso que ver casas arder, animales huir y llamas expandirse. Hay algo que sobrevuela al hecho, al miedo, a la situación desesperada. Son algunos ojos que miran sin ver, desde otra distancia y a través de un humo suficiente espeso para no ver más allá del mismo humo, y de un fuego suficientemente virulento para fijar su atención en él y lo que arrasa. Son los ojos aciagos y fisgones que aprovechan cualquier circunstancia para descargar su odio en el mismo drama. No hay nada más desolador que ser espectador de la magnitud de la tragedia y al mismo tiempo serlo de la diáspora de la tragedia. A cambio, más por encima de todo esto y muy cerca de la tragedia, hay gestos que extinguen al fuego y a la vozarra.

EN nombre de la Cosa sin nombre.

artículo de Guillem Martínez. El País. Catalunya 12-01-2012:

http://ccaa.elpais.com/ccaa/2012/07/12/catalunya/1342118895_272258.html


Puede que alguien lo lea y se quede indiferente por estar muy lejos de los 65, por no tener ni haber tenido un padre o una madre que haya llegado a los 80, o 90, sin haber cotizado y sin un duro de más en la cuenta. O simplemente porque no pueda creerse la “Cosa” de tanta desfachatez que contiene. El caso es que ahí está el artículo, para leerlo, para meditarlo, para pasarlo, para comprobarlo o para negarlo, si cabe. A mi me ha sacudido de cerca. No existen ya como “problema” mi padre y mi madre. Él, cotizó siempre. Ella nunca salvo en la época de guerra, en una fábrica. Los dos, no consiguieron reunir más de 4.000 euros en su cuenta bancaria, ni cuando estaban juntos, ni después. Pudieron los dos, permitirse, al menos, el último despilfarro de su paso por estos lares: Su entierro. Ella, gracias a la pensión que cobró al quedarse viuda (alrededor de 500€), junto a la ayuda económica de los hijos, vivió dignamente hasta morir. Puedo imaginarme como hubiera sido la ultima etapa de su vida si “la cosa” hubiera coincidido con ella. Y la nuestra. También soy capaz de imaginar, porque la he conocido, la situación actual de muchas personas de su quinta, pero sin hijos, o con hijos “ausentes”, o que también dependen de ayudas para sobrevivir. El nombre de la cosa podría ser cualquiera, pero a mi solo se me ocurre uno: Desvergüenza.

Serrat, casi siempre



(...) Disculpe el señor, se nos llenó de pobres el recibidor y no paran de llegar, desde la retaguardia, por tierra y por mar. Y como el señor dice que salió y tratándose de una urgencia, me han pedido que les indique yo por dónde se va a la despensa, y que Dios, se lo pagará.
¿Me da las llaves o los echo? Usted verá, que mientras estamos hablando llegan más y más pobres y siguen llegando. (...)


(...) Bienaventurados los necios que se arriesgan a prestar consejos
porque serán sabios a costa de los errores ajenos. Bienaventurados los pobres porque saben, con certeza,que no ha de quererles nadie por sus riquezas. Bienaventurados los adictos a emociones fuertes porque corren buenos tiempos para la gente marchosa. Bienaventurados los dueños del poder y la gloria porque pueden informarnos de qué va la cosa. Bienaventurados los que alcanzan la cima
porque será cuesta abajo el resto del camino. Bienaventurados los que catan el fracaso
porque reconocerán a sus amigos (...)


En cualquier circunstancia, por lastimosa que sea, encuentra la manera de resistir. Y si te quedan ánimos, planta cara. 


Escrito de Lucía Etxebarria en el Face


"Sábado por la noche. Me pillé la mano con la puerta de la cocina (soy muy propensa a los accidentes domésticos: soy sagitario y no tengo “conciencia de peri cuerpo”). Me presenté sola en el hospital de Sant Pau porque mi compañero se quedaba a cuidar de mi hija. Me pasaron a la sala de espera. Allí había una niña, venga a... llorar.... Le pregunté su edad. Tenía 18 años, estudiaba en Barcelona, tenía una otitis. Llevaba dos horas allí. Su familia estaba en Girona. Yo sé que las otitis duelen muchísimo, he pasado alguna. Pero creo que también lloraba porque estaba asustada y sola. Me presenté ante la enfermera. Le dije que por favor le dieran un calmante a esa chica. Me dijo que como enfermera ella no podía administrar nada sin autorización del médico. “¿Y dónde está el médico?”. “Ocupado, y aún puede tardar horas”. Y luego me miró: “Tú eres escritora, ¿no? Escríbelo. Cuenta cómo está la situación”. Y eso he decidido hacer.

Vamos a aclarar las cosas. No están haciendo recortes en sanidad porque la cosa esté así de mal, sino porque la sanidad es un gran negocio, y si se privatiza, al estilo de Estados Unidos, muchos se van a hacer multimillonarios.

Se podría recortar de muchas otras partidas.

Los toros se subvencionan: las fiestas taurinas nos cuestan 564 millones al año en subvenciones.

Los clubes de futbol también, de forma indirecta. Deben 750 millones a Hacienda y 11 millones a la Seguridad Social. De hecho, la UE ya ha propuesto investigar al fútbol español por presuntas ayudas del Estado.

Se podría eliminar los sueldos y pensiones vitalicias y prohibir por ley que los ex presidentes cobren de la empresa privada a la vez que disfrutan de su pensión vitalicia: González y Aznar siguen sin renunciar al sueldo de 80.000 € mientras reciben altas retribuciones de Gas Natural y Endesa, por ejemplo.

Se podría prohibir que un político cobre del Estado y de la empresa privada: Acebes cobra del Congreso y de Iberdrola, por ejemplo.

Se podría recortar sueldos de cargos políticos. Si un ciudadano tiene que cotizar 35 años para percibir una jubilación, no veo por qué los diputados lo hacen a los siete, ni por qué no tributan un tercio de su sueldo del IRPF, como hacemos los demás.

Se podría endurecer las penas contra el fraude fiscal. El 72% de este fraude proviene de las grandes empresas que facturan más de 150 millones de euros al año, y de la banca. Ahorraríamos 90.000 millones de euros.

Se podría eliminar el concordato con el Vaticano. El ahorro final estaría entre los 6.000 y los 10.000 millones de euros. Jesús predicaba la pobreza, y la Iglesia se debe mantener mediante las aportaciones de los fieles, como ya dijo el propio San Pablo.

Esa niña que lloraba en urgencias podría ser su hija. Peor aún, usted podría padecer leucemia. Y si la padeciera, un seguro privado no le ayudaría, porque los mejores especialistas están en la Seguridad Social. Lo sé porque se trata de una enfermedad que he vivido de cerca.

Usted que me lee: tome conciencia, por favor. El fútbol es un negocio. Los toros, una tortura. Los gastos del Congreso, un lujo innecesario. Las pensiones vitalicias, una enorme falta de ética. La fe es una opción. Pero la salud es un derecho."

Lo mismo podría decirse de la educación. ¿En serio vais a permitirlo? ¿o es que os dan alergia las manifestaciones?
Luchemos por lo nuestro, es nuestro derecho. Por una democracia real.

Un saludo

Ara mateix. De Miquel Martí i Pol i Lluis Llach

en el concierto " Les nostres cançons contra la Sida"(8-6-2012) Colaboración de Silvia Pérez Cruz y Pep Guardiola.


traducción:

Ahora mismo 

Ahora mismo enhebro esta aguja
con el hilo de un propósito que no digo
y me dispongo a remendar.
Ninguno de los prodigios que anunciaban
taumaturgos insignes se ha cumplido,
y los años pasan de prisa.
De nada a poco, y siempre con el viento de cara,
qué largo camino de angustia y de silencios.
Y estamos donde estamos, más vale saberlo y decirlo
y asentar los pies en la tierra y proclamarnos
herederos de un tiempo de dudas y de renuncias
en que los ruidos ahogan las palabras
y con muchos espejos medio enmascaramos la vida.
De nada nos vale la añoranza o la queja,
ni el toque de displicente melancolía
que nos ponemos por jersey o corbata
cuando salimos a la calle.
Tenemos a penas lo que tenemos y basta:
el espacio de historia concreta que nos corresponde,
 y un minúsculo territorio para vivirla.
Pongámonos de pie otra vez y que se oiga
la voz de todos solemne y claramente.
Gritemos quién somos y que todos lo oigan.
Y al acabar, que cada uno se vista
como buenamente le apetezca, y ¡adelante!
Que todo está por hacer y todo es posible

Humus


 


Sienta bien amanecer, y hacerlo temprano, cuando te espera un articulo de aquellos que acaban movilizándote las neuronas. Es en catalán, de M.Colomer y me da pereza traducirlo porque es largo, pero no me da pereza exprimirlo, humildemente, para trasladar su zumo hasta aquí. Su titulo, muy sugerente, casi lo explica todo: El ecologismo no es humilde.

No se refiere, el articulista, a su espíritu, entiendo. Más bien a sus seguidores, tan a menudo cargados de incoherencia y demasiada ambición que siempre carga en espaldas ajenas. Un buen ecologista no nace, se hace (es mía la reflexión). La del articulista, empieza desmoronando la idea de que las dos primeras etapas de escolarización son decisivas para una formación futura. Si lo son, en cambio, para sentar las bases de esta formación, que ante todo, debería de incluir, y no lo hace actualmente, el aprendizaje de la humildad. 
 
Pensar que todos deberíamos ir en pelota viva al trabajo, en moto o en bicicleta, de vacaciones, en barco o en avión, es como señalar que los guisantes no necesitan cascara. Imaginar un mundo cómodo, sin humos, sin violencia, sin residuos tóxicos es muy loable pero muy pretencioso cuando que eres tú quien usa el agua caliente a diario, tiene un móvil, una tablet, un ordenador, un vehículo de motor y necesitas la luz abierta hasta cuando te ausentas del lugar. Si los niños en la escuela, y en casa, principalmente, ignoran en que consiste la humildad, si no aprenden que la ventaja es una evidencia que no admite discusión y puede alcanzarse con esfuerzo, no a berridos ni patadas, si no aprenden a controlar el impulso del calor, del cansancio, de cierto aburrimiento, si no catan el sabor a resignación, a veces, cuando no hay otra salida, si no dan por hecho que las heridas son medallas para el guerrero que hay que sanar pero no lamer continuamente, no hay nada jugoso esperando en el camino ni en la meta.

Los padres, presos de un resentimiento no resuelto, atrapados en un cascaron de nuez que navega imaginando un mundo limpio, feliz e impoluto pero sin ausencias ni carencias, son (somos) los responsables, ante todo, de su educación. Nunca la escuela (el maestro) podrá con lo que la familia esquiva.

La humildad, para mi, es la consciencia hecha a base de no esquivar situaciones, y cuando las esquivas, acepta que es lógico y no culpa de los demás, desplomarte. Es el único aprendizaje que nos iguala unos a otros. No es el sueldo estipulado, nunca serán las zapatillas de moda,  ninguna legislación ni manifestación por ruidosa que sea las que nos ofrezcan justicia e igualdad. Si no funciona la consciencia, si no existe el conocimiento de la humildad, no hay  reivindicación sostenible. Hay una ley que no dominas impuesta por la naturaleza que a menudo se mostrará injusta. Aprende a aprenderla y no insistas en relamer tus propias heridas.