Mis hijas no han visto nunca (ni ganas) una corrida de toros: pa lo que había que ver... Pero su padre les contará, babeando de orgullo y emoción, que una tarde en Linares, en el 60º aniversario de la muerte de Manolete, parece que fue ayer, y minutos antes del torniquete de corbatín que no impidió que regara la arena con su sangre, le brindó un toro José Tomás, esta vez, sí, de purísima y oro.
La historia viene de lejos: hasta el abajo firmante, en el dorado ocaso de Curro y Antoñete, estaba a punto de pedir el carné de miembro de la sociedad protectora de animales, cuando empezó su vida pública José Tomás. Como tantos otros que, después de 20 años, o de 60, ayer, en Linares, han vuelto a las plazas para respirar ese perfume de verdad, de misterio y de leyenda que solo él encarna a manos llenas. Nadie que uno haya seguido respeta tanto al toro y a sí mismo hasta el punto de no concederse la más mínima ventaja. Nadie. Su terreno es el del toro. Lo he paladeado en sus cuatro etapas: al principio, la revelación; antes de retirarse, la duda; retirado ya, la tortura interna, la reflexión y, por fin, en su gloriosa y apasionada vuelta, la insobornable madurez, la confirmación cabal de la leyenda. Lo he aplaudido, he sufrido y gozado con él, de qué manera, en Barcelona, Madrid, Lima, El Puerto, Almería, Linares, etcétera. Estuve en la Monumental, del brazo de Serrat, soportando en trance la kale borroka antitaurina la tarde de su ruidosa reaparición. Incluso alguna vez, hace un lustro, me sorprendí a mí mismo en un tendido de Las Ventas peleándome a gritos -sí, como un energúmeno, ¿pasa algo?- con los inevitables antitomistas (los maniqueos, ¿recuerdan?). He disfrutado de su palabra, tan sabia como escasa, de su inquietante mirada y de su noble amistad estos años de ausencia de los ruedos y puedo asegurarles que si, como decía el clásico, se torea como se es, no hay mejor paradigma que Tomás. ¡Qué falta hacía! Como es carne de copla y de soneto he escrito mucho sobre su arte, pero siempre se queda uno tan corto... ¿Cómo estar a la altura de la sangre? Empecé a sospechar cuando me hizo saber por terceros, con exquisita discreción, que quería invitarme a Linares. En el viaje de ida corneaban isleros mi barriga. Hotel Cervantes. Dos entradas de barrera. Como en una postal sepia me acordé de mi padre, con quien iba de niño a la feria de san Agustín. Mesa camilla y pantalones cortos. Sabía, eso sí, que haría el paseo de purísima y oro. No como Manolete, que fue de palo rosa, sino como la licencia cromática que me permití en una canción que ayer acabó de unirnos para siempre.
Tendido 2. Bordados de capote en la barrera. Allá se vino con esa solemne naturalidad marca de la casa que atesora como un sacerdote que oficiara un rito pagano y olvidado. Yo me desmonteré también, temblando (pedazo de panamá, oiga). No diré lo que dijo en el brindis. Eso queda para mí. Pero supe lo que se siente con una montera húmeda en la mano cuando el torero, mi torero, se inmola en el culto sagrado de la vergüenza torera, la pasión y la sangre. También sé que no podré explicarlo. Me haría falta la pluma de Joaquín Vidal con ese tono tan suyo de moderno revistero antiguo. Luego la enfermería, la del cloroformo, la de Manolete, y después los teléfonos ardiendo en el hospital ya de vuelta a Madrid, con una luna como de albero, más redonda y más naranja que nunca, porque toco mañana en Illescas, y con Vinatero (así se llamaba el de Núñez del Cuvillo) esta vez en la barriga y estatuarios en el alma, sintiéndome, perdonen la arrogancia,
casi culpable.
Cúchares me dispense pero no puedo dejar de pensar que, no tan inconscientemente, el de Galapagar hizo lo posible y hasta lo imposible, porque el toro se las traía y miraba y avisaba, para estar en la misma camilla, en el mismo gajo de terreno, en el mismo purgatorio con azogue del espejo en que se mira: Manuel Rodríguez Manolete. ¿Se trata de un loco? Nada más lejos. Se trata, sobre todo, de un hombre, de un torero, de un artista, con un orgullo que no deja sitio a la vanidad, de corazón caliente y sangre fría con creces derramada. De poetas, no de paparazzis, de telediarios, de informes semanales, no de inmundos tomates. Bendito sea. Más místico que épico. Más heterodoxo que académico, con más duende, más único que nadie. En tiempos de emociones tan triviales, tan de usar y tirar, la mano izquierda de Tomás redime. Que se lo pregunten a Vicente Amigo, a Jorge Sanz, a José Ramón de la Morena y a tantos otros, incluido el sublime Morante de la Puebla, que ayer lo vio, estupefacto, como yo. A estas alturas de cantantes todo a cien, poetas muertos y controles antidoping, me queda una sola adicción y la más grave: se llama José Tomás y, como cura de todo, no tengo intenciones de curarme. Gracias, amigo. Salud, maestro. Cuídate lo justo.


Joaquín Sabina. Desde el tendido 2.
Declaración de las Naciones Unidas sobre la protección de todas las personas contra las desapariciones forzadas : AQUI

Leer la declaración de las Naciones Unidas y veréis la importancia que dan a las desapariciones forzadas. Lástima que en un país como el nuestro, traten más esos temas en los despachos que en las calles buscándolos. Quizás algún día habrá un policía especializada en estos temas, de momento lo que hay, no es otra cosa que una tomadura de pelo. Aquí en España parece que aun estamos un poco atrasados en este tema, los políticos en nuestro país se mueven por el número de componentes de una asociación, eso es lo que marca la diferencia de que se desplieguen más o menos medios, no se trata la magnitud del problema por el daño que causa a unas personas, si no por el número de personas afectadas. Si fuésemos dos millones de padres y hermanos de personas desaparecidos, que nos concentrásemos un día en Madrid,seguro que cambiarían muchas cosas (ADESEPA)
Es tarde, a veces, has de pensar que es tarde aunque siempre hayas sentido que era tarde porque naciste demasiado tarde. Cuando se hace tarde has de recurrir a lo que la vida te ha regalado y olvidarte de deseos escondidos y exterminar las aspiraciones magníficas. Pero si aún te quedan ganas de jugar y de jugarte todo lo que la vida te ha obsequiado a todo o nada, juega, pero juega por jugar y olvídate de la posibilidad de ganar. Rebélate, comete estupideces: salta la tapia o el muro, mójate bajo la lluvia, emborrachate hasta caer sin voluntad, mira al prójimo como si no estuviera, apasionate sin medir, pinta en la pared su nombre, cruza el mar a nado, alza la mano cuando nadie pregunte. Hazlo antes de que la lucidez te invada y perder signifique solamente volver a empezar, y volver a empezar no te importe.

" Esa abundancia desmedida, ese fluir salvaje, ese todo o nada del que hablaba el viejo loco con experimentado desprecio habrán sido quizá lo mejor... Tal vez todo lo demás -la cautela, la sabiduría, la cordura, la inteligencia- no valga ni un comino porque no está enardecido por la loca pasión de la juventud, ese extraño deseo que pretende salvar el mundo y al mismo tiempo consumirse a sí mismo, que quiere agarrar con las dos manos todo lo que el mundo le ofrece y que a la vez arroja a puñados todo lo que la vida le regala... Así que es mejor que empieces a hablar de manera más sosegada. El de hoy es un carnaval diferente, un contrato diferente, una cita amorosa diferente. Es el final de la juventud. Ahora empieza la edad madura del hombre, uno de sus momentos más sabios, como si fueran las cuatro de la tarde de un día de mediados de octubre. "
sandor marai
Un jardín donde hay mariquitas dicen los expertos, es un jardín que crece sano, estos pequeños insectos son el termómetro perfecto que lo indica. Pues lo mismo le pasa a un blog, si no hay contenido no tiene sentido, esta enfermo . A veces, me siento aquí delante con la intención dirigida a escribir algo que pueda interesarte unos minutos, y no sale nada. No es que me extrañe, ya que no dedico el suficiente tiempo ni esfuerzo a llenarlo. ¿Te acuerdas de aquel libro que comencé hace días y esperaba terminar en vacaciones, y comentarlo? Pues ahí está, cada vez que lo abro suena el timbre o si es de noche, mis ojos se cierran automáticamente a los pocos minutos de abrirlo como si una fuerza desconocida más poderosa que mi voluntad lo ordenase . Avanzo cada vez dos páginas, a este ritmo lo acabaré en mis próximas vacaciones. Lo curioso, es que me sigue interesando porque hay datos los cuales descubrir un día. Por ejem. citaba el autor una calle de París en la que se instaló Karl Marx y su familia. Allí mismo, en el 38 de la calle Vaneau, nació su hija Jenny Marx al año siguiente, curiosamente, un 1 de Mayo. Toda la primera parte del libro se centra en los detalles de esta calle y en las vivencias del escritor-protagonista, cuando se instaló en el hotel Suède durante tres días. Si todas son ciertas, no hay duda que si viajo de nuevo a Paris algún día, buscaré la famosa farmacia de la rue Vaneau, Dupeyroux, y los jardines de Matignon donde reside el primer ministro francés. O aquella enigmática casa donde de noche se ven sombras misteriosas a través de las tres ventanas que permanecen iluminadas y que deduce más adelante Pasavento, quizá florecen y progresan algunas conspiraciones secretas contra quién sabe que países. Sin duda, buscaré la mansión de Chanleilles en el número 24 donde donde vivió Antoine de Sant- Exupéry en 1931 y que compró el multimillonario Niarchos en 1951...

Falta tiempo, faltan ganas y sobran excusas, pero mientras haya suerte y siga encontrando cosas por ahí como estas, esto seguirá corriendo a pesar de mi:

Querida Lucía,
me alegra mucho recibir tus líneas y me hace muy feliz y me honra que creas que yo pueda darle una respuesta a tus dudas.
No voy a discutir el tema de la vocación porque creo que eso lo tienes muy claro, siento que el problema es hallar una razón valedera para estudiar arte en un mundo que, aparentemente, te necesitaría en alguna otra profesión más "útil". Creo que allí reside tu dilema en la "utilidad" o no del arte. ¿Sirve el arte para algo? Me parece estar ante cualquiera de mis muchos prácticos alumnos que me preguntan "José Luis, ¿de qué me sirve la literatura?" y yo les explico que no importa lo que vayan a hacer, el estudiar Literatura humaniza, nos aproxima a los demás y nos deja ver aspectos de la gente que, de otra forma, jamás observaríamos en los seres humanos. "No importa que seas dueño de una empresa, ingeniero o presidente de la Nación, lo que importa es que, hagas lo que hagas, lo harás con humanidad", esa es siempre mi respuesta y no es mía, muy probablemente se la aprendí a mi padre.
Claro, cuando el asunto es no sólo acercarse a esa forma de humanizarse que es el arte sino hacer de eso una forma de vida, el asunto se torna un poquito más complicado. Acá viene a cuento un tema que se viene discutiendo desde hace siglos, ¿cumple el arte una función social o es pura estética?, y si es pura estética, ¿qué derecho tenemos de hacer arte cuando el mundo necesita hospitales, casas y escuelas, doctores, constructores y maestros? ¿Es el arte, como mucha gente afirma, un lujo de los ricos? Y creo, queridísma Lucía, que allí reside un poco la tragedia que vives. Si tuvieras que trabajar para comer y solo pudieras estudiar de noche en San Marcos, ¿escogerías Arte o Derecho, Literatura o Ingeniería? A lo mejor a primera vista te tienta responder Derecho o Ingeniería, pero basta con ver a los alumnos de la Facultad de Letras de San Marcos, pobres estudiando carreras que muy posiblemente los mantenga pobres el restos de sus días, para empezar a cuestionarse eso. Chávez, el pintor, prefería comprarse un tubo de óleo antes que comer y prefería pasar las noches durmiendo bajo un puente en Italia antes que rendir su vocación. Claro, siempre sigue en pie tu pregunta, ¿la vocación es una decisión así de subjetiva, es sólo la terapia de una niña rica asqueada de las inauguraciones donde van todas las viejas pitucas de Lima —que nada entienden de arte— a chismosear sobre el vestido de Fulana, el nuevo amante de Mengana o las joyas que adornan el cuello de Perenceja? Yo diría, querida Lucía, que no hay escapatoria, que toda decisión es subjetiva, lo objetivo —así como nos lo quieren endilgar— es sólo una ficción; nadie es completamente objetivo, nadie puede serlo, todos actuamos guiados por nuestros propios criterios y queremos darles mayor validez porque encajan en una lógica común y externa (aparentemente objetiva), cuando esa lógica nace del devenir del proceso de culturización humana, que durante siglos fue emitiendo razonamientos subjetivos, personalísimos y propios, y luego los objetivizó a fuerza de costumbre. O sea, más de lo mismo.
¿Eres una niña atormentada porque cree que el arte es sólo una opción terapéutica y te mueres de remordimiento porque en el mundo los niños se mueren de hambre? Esa lógica puede ser hermosa, pero es suicida, porque si piensas así, el colegio de donde vienes, la familia de donde procedes, la universidad donde estudias, tu vida completa "becada" por una circunstancia que pudo darte “lo mejor”, todo, todo estaría mal y deberías cuestionarte no sólo la carrera sino la existencia misma, tu vida misma. ¿No es horroroso que mientras tú y yo escribimos desde nuestras computadoras tomándonos una gaseosa o disfrutando de buena música o sentados cómodamente o las tres cosas y más, en este mismo momento, en este instante, se muere gente de hambre, de enfermedades que podrían curarse con unos cuantos millones, de violencia, de intolerancia, de la falta absoluta de humanidad? Es horroroso, espantoso, macabro, vil, egoísta, pero es. ¿Qué hacemos? ¿Dejamos todo y nos vamos a la montaña a pasar hambre con los que pasan hambre y les enseñamos a leer y tratamos de sacarlos adelante así con nuestro pequeño mundo de renuncias? Honestamente, me parece improductivo. ¿De qué me sirves tú en un campo de refugiados en Sudáfrica o Congo o Senegal?, ¿de qué le sirve a la humanidad que tú dejes de estudiar arte y decidas ser abogada o ingeniera o médico? Si tu vocación es ser médico es obvio que estudiar arte es, al menos, improductivo, ¿por qué la misma lógica no puede utilizarse en sentido contrario? De igual manera, si el arte es tu vocación, ¿no crees que es —por lo menos— perder el tiempo estudiar economía? Yo pensé —porque objetivamente todos lo pensaban y me lo decían— que iba a ser un gran abogado, defendiendo a los pobres y combatiendo la injusticia, lo cierto es que fui infeliz durante toda la carrera. Yo quería —yo quiero— ser escritor, decir lo que pienso, dar mi opinión y hacer que el mundo diga "mira, eso piensa Mejía, a lo mejor tiene razón" o "Mejía está mal, hagamos lo contrario" o lo que sea, quería que me escucharan y creo cada vez me escuchan más, unos pocos más, y eso me hace feliz. ¿Soy útil para mi país, lo que hago es sólo terapia para liberar mis demonios, fue una decisión subjetiva? Yo, como tú, querida mía, me lo he cuestionado mil veces. Yo nací en un hogar acomodado y la crisis nos arrastró a vivir en San Miguel, en unas viejas casas de adobe donde, cuando llovía, había goteras. Mis padres pasaron por épocas muy malas, vendieron todo —hasta los anillos de boda— por mantenernos juntos y vivos, por darnos una educación y formarnos como seres humanos. Pasamos miserias porque mi padre era un idealista y un hombre de bien y enfrentarse con los poderosos siempre trae problemas, pero le agradezco cada plato de arroz con huevo que comí de niño y cada lección de vida que me dio. No me hizo ni un amargado, ni un resentido, me enseñó a perseguir mis sueños. Cuando era adolescente quise ser abogado para acabar con los malos de este mundo, meterlos a todos presos y hacer de mi país un lugar mejor; también iba a ser abogado de los pobres, para que los que no tuvieran cómo defenderse me tuvieran a mí, para que los poderosos no abusaran de los débiles. ¿Tienes idea de cuántas veces me cuestioné dictar clases en el colegio más aristocrático de Lima, enseñando a quienes —aparentemente— no necesitan nada? Mil veces. Y sin embargo, estos años han sido para mí una experiencia maravillosa, dictarles ha sido aprender muchas cosas y me ha dado la oportunidad de ver las cosas "del otro lado", yo me decía "pensar que iba a defender a los pobres y termino enseñando a los ricos", me sentía un traidor, un desleal con mi origen y con mi patria, con mi realidad y mi historia. Sin embargo, ustedes me enseñaron que estaba equivocado, que no hay "ellos y nosotros", con las justas hay buenas personas y canallas (y de esos hay en todas partes). Lo único que hay que hacer es rescatar a esas buenas personas que —como tú— van por el mundo confundiendo el cómo de qué; el qué es hacer de este mundo un lugar mejor, el cómo es la manera y puede ser con un dibujo, un discurso, una máquina o la cura para una enfermedad. Allí reside tu error, querida Lucía, y allí residía el mío, mi qué era defender a los buenos de los abusos de los malos y ese cómo que creí encontrar fue peleando en los tribunales y no era mi cómo, así que poco a poco fui hallándome y me convertí en profesor y en escritor. Este es mi cómo. Cuando una muchacha maravillosa como tú pierde el sueño cuestionándose su propio papel en el universo, yo —que he logrado que mi qué suceda— me siento feliz y me siento orgulloso de poder ser el interlocutor de tus dudas. En estos momentos, querida Lucía, podrías estar fumando marihuana, emborrachándote o teniendo sexo con toda tu universidad, podrías estar gastándote el dinero de papá o recorriendo las discotecas más caras de Nueva York con tus nuevos trapos recién adquiridos en alguna tienda exclusiva. Y no lo haces. Te sientas, abres la máquina y le escribes a este gris profesor de secundaria preguntándole por una buena razón para ser artista. Lucía de mi corazón, tú eres la mejor razón que podrás encontrar. No lo dudes ni un instante. Eres una maravillosa mujer, un ser sensible y comprometido con el ser humano; mantente así, sigue así, insiste en ser quien eres y dale al mundo todo lo que te salga del alma, denuncia a través de tu arte la injusticia, el hambre, la violencia y todas las taras de la humanidad y con eso no te pido que conviertas tu arte en panfleto, te pido sencillamente que mantengas esa infinita humanidad que te ilumina y que la entregues, en la forma que quieras, en la forma que puedas, en la forma que te haga más feliz, al mundo entero.
Todo mi corazón.
j.l.mejía (por deducción)

La entrevista

PEDRO GONZÁLEZ CALERO · EX BARRENDERO Y PROFESOR DE FILOSOFÍA
"Desplumó un gallo y se lo arrojó a Platón"
Tengo 45 años. Nací y vivo en Madrid. Fui barrendero, archivero, documentalista y profesor de filosofía, además de titiritero frustrado. Estoy soltero y sin hijos. Soy republicano y rojo. Soy ateo. He recogido anécdotas humorísticas de grandes filósofos, y coincido con Bertrand Russell: "Todo acto de inteligencia es un acto de humor"


victor amela

¿Cuál es su filósofo favorito?
- Sócrates. De haber vivido en el siglo V a. C., yo me hubiese pegado a su túnica. -

¿Por qué?
-Para aprender a criticar verdades aparentes, a desvelar sus contradicciones con sutileza e ironía. - Eso le perdió: ¡le condenaron a muerte! - Su mujer, Xantipa, lloró: "¡Te matan injustamente!". Y él le dijo: "Si me matasen justamente, ¿no te importaría?" - Dialéctico hasta el final... Nietzsche decía que Xantipa era tan insoportable que Sócrates, al echarse a la calle para no estar en casa, se hizo buen dialéctico. -

¿Tan terrible era aquella mujer?
- Xantipa abroncaba siempre a Sócrates, le gritaba, reñía y maltrataba. Le preguntaron por qué no la abandonaba: "¡Porque ella me curte para las durezas de la vida!". -

Espíritu positivo.
- Un día ella le gritó tanto, que él salió a sentarse a la puerta de casa. Ella salió y le volcó un balde de agua en la cabeza. "Tras los truenos siempre llega la lluvia", comentó él... -

¿Sócrates era un filósofo o un santo?
- Sostenía que si conoces el bien, lo haces, y que el mal es desconocimiento del bien. Quien actúa mal, pues, lo hace por ignorancia: un malvado no es más que un ignorante. -

La ignorancia como origen de los males: esto lo predicó Buda.
- A mí me recuerda a Jesucristo crucificado, diciendo: "Padre, perdónales, porque no saben lo que hacen". -

La máxima inteligencia es la bondad.
- Lo suscribo. Igualmente, firmo esta otra idea de Bertrand Russell: "Todo acto de inteligencia es un acto de humor". -

¿Y viceversa?
- También, pero menos: hay humores que matan, hirientes con el más débil. Lo veo en los institutos donde doy clases, y es odioso. -

Los filósofos ¿han hecho gala de humor?
- Desde Tales, que decía que no había diferencia entre estar vivo y estar muerto. "Entonces, ¡muérete!", le espetaron, a lo que replicó: "¿Para qué, si no hay diferencia?" -

¿Lúcido o loco?
- Lucidez y locura colindan. Y se solapan. -

¿Qué filósofos fueron los más graciosos?
- Seguramente discípulos de Sócrates llamados cínicos (de cinos,perro), porque vivían como perros: Diógenes de Sínope, que fue llamado el Sócrates loco,vivía en una tinaja, sin nada, sin trabajar. Invitado una vez por un hombre rico en su lujosa e impecable mansión, ¡Diógenes le escupió al rostro! -

¿Por qué lo hizo?
- Eso le preguntó el rico, y él contestó: "He visto que es el único sitio sucio de esta casa". -

¿Qué ocurrencia de Diógenes prefiere?
- Con Platón mantenía muchas pullas. Platón había postulado que el hombre es un bípedo implume..., y un día Diógenes desplumó un gallo y se lo arrojó a Platón, gritándole: "¡Ahí tienes a tu hombre!" -

Un tocapelotas, vamos.
- Una vez le prendieron e iban a venderle como esclavo, pero antes el tratante de esclavos le preguntó: "Y tú, ¿qué sabes hacer?" Diógenes respondió: "Sé mandar: ¡pregunta si alguien necesita comprar a un amo!". -
Me evoca a Nietzsche: "Si entre varios filósofos quieres al mejor, ¡elige al que ría!". - Nietzsche confesaba que a menudo yendo por la calle "me detengo a reírme a carcajadas durante más de media hora de las idioteces que voy contándome a mí mismo". -

¡Menudo espectáculo público!
- Hay filósofos que han reído mucho. De uno de ellos, Crisipo, se cuenta que murió de un ataque de risa... -

¿Qué le hizo tanta gracia?
- Ver a un burro comer unos higos, beber vino y tambalearse, borracho. -

Ahora vemos Polònia.
- ¿Eh? -

Nada, un programa de TV3... Por cierto, ¿encajan bien la burla los propios filósofos?

- "Burlarse de la filosofía es ya filosofar", dijo Pascal. Y creo que añadió que la auténtica filosofía consiste en eso. - Bravo por Pascal. - Pascal fue el filósofo que criticó a Descartes diciendo eso de que "el corazón tiene razones que la razón no entiende". ¡La razón debe conocer sus límites! De lo contrario, no es razonable, incurre en irracionalidad. -

Los chistes ¿son filosofía comprimida?
- Wittgenstein decía que podría escribirse un tratado de filosofía a base de chistes. -

¿Qué filósofo fue el más malhumorado?
- Schopenhauer, cascarrabias y misántropo: se llevaba mejor con su perro Butz que con la gente, y cuando quería reñir al animal le gritaba "¡humano!" -

Es un modo de humor, también... ¿Algún filósofo cabreado ha llegado a matar?
- Althusser estranguló a su esposa, pero ahí se cruzaron ya desarreglos psicóticos... -

Hablando de esposas, ¿qué opinaba Sócrates del matrimonio?
- Un amigo le pidió consejo acerca de si casarse o quedarse soltero: "Hagas lo que hagas, te arrepentirás", respondió Sócrates. Era muy lúcido: "¡Hay que ver la de cosas que no necesito!", exclamó un día mientras atravesaba un mercado atiborrado de mercancías. -

¿Y ha habido filósofos santos?
- ¡Muchos! San Agustín mismo, que de joven rezaba: "Señor, concédeme continencia y castidad..., pero espera unos añitos". -

¿Conoce alguna agudeza de alguna mujer filósofa?
- A Madame de Staël le preguntaron por qué las guapas tenían más éxito entre los hombres que las inteligentes: "Porque hay pocos hombres ciegos y muchos hombres tontos", respondió, en lógica deducción.


HUMORADAS
Fue barrendero, y leía filosofía durante la hora del bocadillo. Luego fue archivero del Depósito General del Libro, adonde llegan ejemplares de todo lo que se publica en España, así que tuvo para elegir. Luego fue profesor de filosofía en institutos: "¡Y ahí sí he aprendido sobre la condición humana!". González Calero me explica: "Este trabajo me ha gustado mucho, pero hoy me deprime". ¿Por qué? "Es duro ver cómo los chicos se aburren delante de mí. Sólo la nota les mueve, no las ganas de saber. Es deprimente. Lo he dejado varias veces. Luego regreso, vuelvo a deprimirme, y vuelvo a dejarlo". Tremendo. Para darse una alegría, Calero ha escrito ´Filosofía para bufones´ (Ariel), un catálogo de humoradas de filósofos de todos los tiempos, una grata lectura de verano.