Escriure per escriure, mirar per no veure, parlar per no dir res. Pensar per no caure allà on no vols aturar-te, fixar-te en quelcom que esbalaeixi un pensament malvolgut. Les coses que ens passen, baladreig constant d'aquest mon que gira al seu voltant. El mon que gira, que s'estira i arronsa... L'arbre roman quiet perquè aixi ho vol l'aire. L'aire no mou, avui, l'arbre. Demà, potser, serà tramuntana. Per allà bufa, per aquí amaina. Les fulles que creixen, les fulles que cauen. Les lletres que surten, les que s'amaguen. Sensacions que xuclen l'aire. Emocions que mouen arbres. Un mon petit s'estira i arronsa, trontolla en un viatjar tòrpid de l'aire, pensaments i paraules.
II.
Pressionen, et pressionen. No saben que tenim límits. No saben que podem rebentar prop dels seus nassos. Si ets ric, ara convé que siguis una mica llest si no vols ser res ben aviat i paguis voluntàriament el que mai te'n reclamat. Ells. Si ets pobre, prepara la motxilla, segueix el teu viatge. Potser trobaràs un lloc més amable, més savi, menys avariciós. La mala sort no et pot acompanyar sempre.
III.
Els anormals fan caure la normalitat i la redueixin a porqueria. La porqueria, ara domina la cosa i la cura global per tots els mals son remeis urgents, tòxics, perversos i amb molts efectes secundaris. Tant se val que hagis estat normal. Ara ets aquella cosa reduïda a quasi res, confinada en aquest gran merder.
IV.
Uns reclamen poder votar un SI o un NO, encara que no sàpiguen quina es la qüestió. Els altres volen firmar de nit, sense fer soroll, quasi be com contrabandistes al passar la frontera. Ni han que volen una independència. No se sap si per vigilar-nos mes aprop o per apropar-nos definitivament als que ens vigilen. Uns a la cua de l'atur, altres a la cua dels èxits. Quasi be tots a la cua del lleó. Pocs al cap del rosegador.
Si alguien no ha estado nunca en Paris, le invito a que vaya ver Midnight in Paris. No tengo ninguna duda que Allen está enamorado de esta ciudad. Aunque el argumento os pueda parecer inverosímil, rebatible, extraño, las imágenes de esta ciudad que el director exhibe orgulloso de haber conocido, no pueden dejaros indiferentes. Wody Allen ha descubierto Europa y sus últimas películas son la prenda que lo demuestra. En 2007 empezó el rodaje de Vicky Cristina en Barcelona, parte de Asturias y lo acabó en New York, y ésta seguía el alarde por parte del director de lugares alejados para sus conciudadanos pero muy cercanos a nosotros. Paris, Venecia, Barcelona, ahora en Roma…Y vuelta a Paris. Siempre regresará a Paris porque Paris no se acaba nunca. La misma hipocondría que sufre el protagonista de la película la sentirá de algún modo aquel que haya viajado a Paris antes de pisarla de la mano de un creador que le haya apasionado. La misma emoción que invade al protagonista interpretado porOwen Wilson, que sufre y disfruta, la han sentido aquellos que han ido a Paris tras los pasos (o palabras) de Hemingway, Vila-Matas o Rodin para rivalizarlos o para, simplemente, hacerlos reaparecer. Puede no gustar la película, pero es otra obra de arte situada en el Paris de los años 20 que arranca en el 2011. Con sentido del humor, con irracionalidad, puede que con ironía, el protagonista (la melancolía de quien dirige) se enfrenta a su realidad, a la cruda realidad, a través de distintos personajes que admira y lo hace además, siendo quien es: Un nostálgico que por encima de todo desea vivir. El resto es Paris.
Vengo de un breve paseo por Confianza, calle de mi ciudad que creía desperdiciada y que jamás volvería a pisar. No es que dicha avenida se haya deteriorado únicamente en el lugar donde vivo, donde he nacido, donde considero el lugar del que nunca me ausentaré por mucho tiempo. No. Esta calle la han desmembrado casi todos los gobiernos de Occidente. A pesar de que nosotros, ciudadanos del mundo, les hemos ayudado a hacerlo con nuestra indulgencia, con nuestra manera inquieta y desleal de proceder. A pesar de que hemos sido empujados o nos hemos excitado ante una inagotable oferta, utensilios y lugares nuevos donde las promesas de un día destrozan años de oficiosidad de otros,menos ambiciosos pero firmes, de los que nos hemos olvidado ayudando a su desaparición por alinearnos a este esnobismo que no va a ninguna parte pero toca los cataplines a la moderación y da vidilla a la avaricia. Me había prometido no pisarla de nuevo después de haber paseado largas horas por ella y conocerla de cabo a rabo. La última vez que rondé por sus aceras sentí una especie de tristeza indefinible. No sé cómo expresarlo. No se puede nadar permanentemente contra corriente y no sentir agotamiento, pena o trastornarse. Las calles colindantes a la c/ Confianza, son eternas para caminar y demasiado sutiles para comprender: dispensas, fraudes, codicia, hermetismo, consenso, tiranía, obstáculos, etc. Pero, hoy, inconexa de mí, me he dejado llevar por la intuición que no reflexiona antes de dar el paso y pasa antes de analizar y he vuelto a ella.
Mientras, tiempo atrás, andaba sosegada por su largo itinerario y al tiempo que iba despojándome de su embrujo la imaginaba a mi manera, distinta. La culpa de mi discreto retorno es de un joven indignado que dudo se haya instalado en la plaza de Catalunya. Dice, él, que "hay una sociedad idiota”. Se explica. Los mismos que critican el capitalismo lo alimentan cuando compran en Zara, adquieren un sacacorchos en un chino, comen en McDonalds o llenan sus carros de compra en cualquier cadena de supermercados. Alguien lo tenía que decir. Yo, lo había dicho tantas veces hasta llegar a pensar que era una realidad. Aunque al tiempo que iba diciéndolo iba madurando que esta, mi visión rigurosa del asunto, caía en saco muerto y lo que es peor, era un delirio que había acabado instalado únicamente en mi lógica a modo de fundamento. Podía ser un gran error.
No limité mi desencanto a dejar de pasearla, invoqué, protesté, osé hablarlo en alguna radio local, alegué limitados discursos en los que acababa perdiendo el raund o cediendo la última palabra a mi contrincante. Nada de lo hecho, dicho y respaldado surtía efecto. Alguien lo ha dicho, por fin, y no es un nostálgico, no es una vieja gloria ni un desencantado como yo. Es alguien joven, con un futuro incierto pero cercano, que puede influir en otros, tan jóvenes e indignados como él, aunque por diferentes motivos. La luz es minúscula pero se ve.
¿Somos consumidores libres, tiranos o esclavos?
Si gran parte de la sociedad anticapitalista es idiota no significa que gran parte del pro-capitalismo sea inteligente pero si coinciden en algún punto. Unos no quieren preguntarse y a los otros no les interesa responder.
Pasamos nosotros y dejamos nuestra huella, humilde, terca, noble, puede que avariciosa. Unas cosas se esfuman, otras cambian, pocas permanecen intactas, algunas ofenden a otras que fueron mejor diseñadas, y todas exhiben nuestra menudencia que siempre se rinde a lo que solicita.
Hay recluidos tres miembros de las SGAE. Uno de ellos, su presidente Teddy Bautista. Están acusados de desviar fondos a empresas privadas relacionadas de una manera u otra con ellos. Ya se verá. Lo único que hemos visto, por ahora, es su poderío e insolencia, acunados por casi todos los partidos políticos y especialmente por la ministra Sinde. Nadie que se haya posicionado en contra de la SGAE, que yo sepa, niega a los autores el derecho que muy bien les pertenece, de cobrar por sus obras.Se ha intentado en cambio, poner en duda que estos derechos abarquen más de lo que sea lógico y no pisoteen otros derechos fundamentales de los usuarios. Se ha intentado imponer una lógica que significa no pagar por lo que no se usa y que se reconozca que cualquier usuario de internet, al menos en España, paga de sobras la utilización que hace de este medio de comunicación. Los miembros de la SGAE, o los que están a su favor, han argumentado cosas tan absurdas para “hacernos entrar en vereda” como ir a comprar a un supermercado y hacernos con un chorizo sin pagarlo. Entre ellos, entre los que han hecho este tipo de comparaciones desatinadas, está mi admirado artísticamente, Serrat. Lo lamento. Otros artistas de primer orden como Alejandro Sanz, han dicho otras barbaridades similares y muchos usuarios, mientras, hemos tragado ser tratados de cuatreros o de tener ladinos fines. No sé que saldrá de esta investigación. Lo único que sé es que cuanto menos, se merecen ser observados porque son ellos quienes han reclamado una y mil veces dignidad y doctrina al resto de ciudadanos para salir adelante en sus pretensiones. Soy de las pocas personas que creen aun en la justicia. En dos ocasiones me he visto evidenciada y salvada por una ley que se apoya en los hechos probados y no en suposiciones, intereseso emociones. No me queda más remedio, pues, que creer en ella. Por un lado me gustaría que ninguna de las acusaciones que hoy mantienen a los altos cargos de las SGAE bajo sospecha, fueran ciertas. No me sentaría tan estafada y me renovaría la ilusión de que “los artistas” siempre son coherentes con su obra. Por otro lado, mis pensamientos más subrepticios me indican que algo van a encontrar en estas investigaciones. Me rebelarían así, que sigue siendo bueno leer, escuchar música, mirar cuadros, creer en algunas personas o ver países desde una distancia suficiente que me escude de idolatrarlos. Ya lo he hecho anteriormente y casi me hundo en la admonición. La magia nos ayuda a elevarnos solo cuando sabemos el camino de regreso. Lo demás, existe, pero también existe para ponerlo en duda.
Una de las ventajas de tomarse las vacaciones al inicio del verano es que cuando regresas tienes la sensación que has vivido mucho verano y pronto recapacitas que solo acaba de empezar. Queda todo el verano por explicar. En cambio, han pasado por alto la verbena de Sant Joan, los mejillones al vapor, la coca y los petardos, ha pasado de largo ésta celebración de un época que marca la iniciación de tiempos en las terrazas, de pasear pasadas las siete de la tarde, de algún día de playa, de poca ropa y mejor cara, y lo catequiza con el estruendo de los explosivos de color que en Barcelona se hacen impertinentes. Mientras sonaban sin piedad por la periferia de la ciudad, un barco avanzaba plácidamente, lento y decisivo rumbo al horizonte. Anochecía cuando el sueño vencía a la fiesta. Si mirabas por la ventana, descubrías una panorámica en la distancia del mismo sol que, más dócil y aún presente, se contraía sin desvanecerse. Al cerrar la cortina, el ritmo biológico que es sabio, más tozudo que la pretensión y más insolente que el interés, impone su ley. Al día siguiente os esperaba un día completo de navegación. Para muchos, un descanso ventajoso, para otros, para ti, una manera de aplicarse en aquello que cuando hay muchas cosas que hacer no haces, leer. No te hacen falta estos largos descansos cuando no te sientes cansada. Aun queda energía suficiente para observar, escrutar, para absorber todo aquello que nadie intenta enseñarte explícitamente. Caes en la cuenta que la opportunidad de descansar llega cuando la carga del trabajo no es excesiva. Y caes en la cuenta de que tampoco te exasperan como años atrás. Un libro, o dos, son la solución. Lo demás, contemplación, un poco de escritura y recrearse en mimar el cuerpo hacen que el día no sea tan largo como temías. Has pedido hora para hacerte una pedicura, práctica que no existe cuando pisas tierra firme. Helen se llama quien te atiende entre un fluido ingles y un parco castellano. Tu, castellanamente influida y con un escueto inglés, le respondes como puedes. En cualquier caso, tanto ella como tú sabéis como haceros entender. En 50 minutos sabes más de Helen que de tu vecina de abajo, y bastante más que de la de arriba. Helen tiene 22 años y es holandesa. Su ciudad natal es Maastricht, capital de la provincia de Limburgo. Afirma dominar el alemán tan bien como el neerlandés y el limburgués. Por si no fuera suficiente, le gusta el castellano y está decidida a aprenderlo correctamente. En este barco le esperan diez meses de trabajo y después dos de vacaciones. Su horario es de 8 de la mañana a 10 de la noche con dos horas para dedicarle al almuerzo, la cena o al paseo. Libra un día a la semana. El año pasado trabajo los meses de verano en Mallorca y hace tres en un hotel de lujo en las islas Canarias. Haces cálculos, está trabajando desde los 19. Que va ser de ti lejos de casa, nena que va ser de ti…De lo que no cabe ninguna duda es que ha aprendido a trabajar además de chapotear el castellano, el italiano y perfeccionado su inglés. Seguro que ha aprendido a evaluar y a valorarse. A distinguir lo que es importante de lo que no lo es. Ha conocido otros lugares que la han alejado de prejuicios sibilinos, acercado a otras culturas y parquedades. Ha crecido en casa y esta agrandándose lejos del hogar, veloz y ligera como una primavera en flor.
Al volver, todo parece estar en el mismo lugar esperando : los compañeros del chat, los tertulianos de la radio, la calle, el mercado, las webs que frecuentas, la familia que has dejado de atender durante 14 días, un poco de trabajo. Y el verano. Hay por delante un verano y concluye la resolución de unas vacaciones quizá no merecidas pero anheladas.
Ciudad interesante y peculiar atravesada por canales. Libertad controlada tras los cristales del barrio Rojo y repleto de curiosos turistas que según un licenciado en economía taxista que nos traslada del aeropuerto al centro, son los únicos que siguen cediendo a sus excesos. Pasear por sus calles es un placer a le vez que un pequeño riesgo porque las bicicletas son las dueñas. Sus bocadillos a la hora del almuerzo, generosos y una delicia. Ámsterdam no es cara, al menos comparándola con lo que nos espera más adelante.
Copenhagen
El barco pasa de noche bajo el puente Oresund, el más largo de Dinamarca que la une a Suecia por encima del mar (7,85 km construidos por Dragados, empresa española) . Espectacular. Sol en la capital danesa. Diseño y arte expuesto en plena calle. Parada forzosa ante la Sirenita. Los japoneses acaparan el espacio para la foto. Centro muy atiborrado de gente. Grandes almacenes y mucho ambiente. Llegamos hasta el Ayuntamiento, nos adentramos en un patio donde se conservan unos viejos edificios en los que aun viven pocas personas. Más tranvías, bicicletas y muchos bebes rondando por las calles en grandes coches de paseo en lo que van hasta 3 bebes sentados.
Warnermunde (Alemania)
Parada larga para los que desean visitar Berlín que está a 2 horas y 45 minutos en tren-express Ida y vuelta 100€. . El tren es puntual y la estación se encuentra a dos pasos del puerto. Llueve a mares y hace frío. Unos a Berlín y otros nos quedamos más cerca, en Wismar. Pequeña ciudad declarada por la Unesco Patrimonio de la Humanidad. Al volver, un atasco por un accidente nos mantiene parados en una autopista más de 3 horas. El chofer nos informa que no hay demasiadas patrullas en las carreteras. ¡Increíble, estamos en Alemania!
Tallin
Pequeña capital de Estonia que se recorre fácilmente caminando. Es domingo pero la ciudad se dispone para acoger a miles de pasajeros venidos en diferentes barcos que atracan hoy en su puerto. Oímos cantos y los seguimos hasta llegar a una iglesia ortodoxa en la que unos niños y jóvenes celebran un concierto. Cantan y tocan distintos instrumentos. Seguimos recorriendo le centro donde han dispuesto un mercadillo curioso. Llueve a ratos. Dos cafés y un vaso de agua cuestan 6,50 €. El IVA es del 20%.
Helisinky
Cuidadísima y bella ciudad instalada alrededor del viejo puerto. Tranvías, autobuses, bicicletas conviven con algunos coches y mucha gente transitando a pie. Por fin vemos el sol un día entero. El nivel de vida es alto y solo es necesario tomar dos cafés cortados con leche para saberlo: 11€! Sin embargo, una petaca de guisantes cuesta 2€. Son muy dulces. El muchacho que los vende pregunta en inglés de donde somos. De Barcelona. Libera de inmediato un “Visca el Barça” que resuena en todo el mercadillo. Sigue su particular celebración haciendo gestos abajo el Madrid. Foto imprescindible del forofo culé vendedor de guisantes.
Chicos y muchachas del lugar trabajan sirviendo en cafés y restaurantes así como plantando flores en los jardines públicos o vendiendo cualquier cosa en los mercadillos ambulantes. Es algo que venimos observando en todas las ciudades en que atracamos.
Estocolmo
A la media hora de salir estamos mojados hasta las rodillas. Sopla un intenso viento y llueve en la capital sueca, nos refugiamos en uno de los muchos subterráneos comerciales de la ciudad. Estocolmo sabe lo que significa el frio para perjudicar al comercio y lo soluciona con estos complejos y calefacción en sus calles y terrazas. Los transportes públicos siguen siendo los protagonistas a pesar de que estamos en una capital de menos de un millón y medio de habitantes. Cogemos el metro y hacemos transbordo en la línea azul para conocer las nuevas estaciones construidas en la periferia. Dignas de ver. Estocolmo como Copenhage y Helsinki son ciudades bellas y solidas. Todo parece ser perdurable en el tiempo. Seguimos por el casco antiguo a pie, aunque desistimos a las cinco horas por causa del mal tiempo. Otra vez será porque Estocolmo merece una visita a parte.
San Petersburgo
Inna es nuestra guía, una muchacha rusa de aspecto dócil y quebrantable. Nada que ver con una colorida y rodona matrioshka . Es alta, delgada y su andar es pausado. Su cara refleja bondad y resignamiento. El día ha despertado plomizo, frio, y llueve a intervalos. Nos recibe con un semblante serio que poco a poco irá desvaneciéndose a medida que nuestros comentarios avanzan. Mientras nos descubre su ciudad, hace comentarios de la vida en San Petesburgo que intentan mejorar nuestra inculta percepción de esta sociedad. Como nuestro interés no es alegórico ni esconde ningún divino provecho, nos habla de economía. No podía ser de otra forma siendo catalanes tres de sus huéspedes. Sabemos ya lo que cobra un pensionista medio (6.000 rublos que equivalen a unos 150 euros) . Sabíamos antes de venir que la mayoría de personas se respaldan en el Estado y ella lo ratifica. Nos explica que solo alcanzan un sueldo digno los funcionares sean del sector que sean ya que, además, tienen una serie de ventajas de por vida como el seguro sanitario y viviendas más económicas así como una buena pensión (lo equivalente a 350€) . Sabemos que la calefacción no es muy cara y que todas las viviendas, incluso las más humildes, disponen de ella y que siguen existiendo las comunales aunque pocas. Sabemos lo que cuesta un apartamento, lo que cuesta un terreno en las afueras de la ciudad. Intuimos que la sociedad rusa tiene mitos en cada esquina y tradiciones que nos sorprenden, muchas de ellas, se relacionan con el casamiento que anhelan sus muchachas que ya no hacen bolillos pero siguen desojando margaritas. Pasamos rápidamente por un puente que cruza el Neva. Cercamos distintas esculturas levantadas en cualquier plaza que honoran a los guerreros del país, a sus zares y poetas. Recorremos espectaculares, por tamaño, edificios casi todos estatales y por calles amplias atiborradas de tráfico. San Petersburgo es inmenso y se ha de recorrer en coche o en metro hasta llegar al centro. Tardamos otros 20 minutos en situarnos en el Palacio de Anastasia. Hacemos cola antes de entrar al museo aun estando guiadamente acompañados. Nos obligan a calzarnos unas pantuflas de papel para no deteriorar en piso de madera de dicho Palacio-Museo. Andamos por sus grandes salas, contemplamos sus riquezas en madera, cerámicas, lienzos, a la vez, Inna nos explica el talante de su propietaria, de sus sucesoras, sus escarceos amorosos fuera y dentro del matrimonio, de quien eran madres, hijas, amantes, sus miedos y anhelos, y lo hace sin saltarse una coma. La Sala de los Espejos es más grande y más exuberante que la del Palacio de Versalles. La sala de Ambar está forrada de esta resina modelada en forma de paneles que recubren sus paredes. El Palacio empezó a construirse en el año 1717 por un arquitecto alemán y fue reconvertido varias veces hasta su última reconstrucción que se encargó a un arquitecto italiano en 1756.
Seguimos según el programa pactado desde Barcelona. Nos dirigimos, ahora, hacia Petergoff para contemplar El Palacio residencia de los zares hasta la Revolucion de Octubre de 1717, sus espectaculares jardines y famosas fuentes. En uno de los paseos hay una fuente a modo de aspersor que regaba por sorpresa a los invitados a su paso. Al ser la residencia de verano, por este Palacio pasaron los embajadores y gobernantes extranjeros de todo el mundo y en él se celebraban exuberantes fiestas para impresionar a sus huéspedes, que entre grandes cantidades de vodka y otros incitantes, pactaban lo que fuera necesario y hablaban más de la cuenta. Este Palacio también fue saqueado por los alemanes durante la segunda guerra mundial. Sigue reconstruyéndose hasta el año 2007 y reconvertido en museo. Le pregunto a Inna hasta que punto inhumano llegó a someterse la dignidad de su pueblo durante la segunda guerra mundial, me responde que su abuela le ha confirmado que no hubo canibalismo.
Seguimos en la ciudad y nos paramos en la catedral de Kazán, la Avenida Nevsky . Pido entrar en la Casa del Libro. La librería más grande de la ciudad erigida en 1902 por la conocida empresa alemana Singer. Salirse del guión incomoda a Inna, aun así accede, cruzamos la calle y nos adentramos 10 minutos en la librería. San Petesburgo no quiere olvidar y no mantiene la embajada alemana. Agotamos le ultima hora con un paseo en metro. Una sola parada nos descubre otra joya subterránea de esta descomunal ciudad. Mañana nos espera el Hermitage y el Palacio de Invierno.
Antes de mañana, salimos nuevamente guiados a las siete de la tarde hasta las once de la noche, no puede ser de otra manera sin visado. Se nos hace de noche aunque no haya oscurecido. Legamos hasta el Malecón del Neva y otros puntos de la ciudad. Más fotos. Vista panorámica más una cena en Sadko. Un restaurante según nuestra guía caro. No es tan caro. Cenamos 6 personas, incluida Inna y la cuenta asciende a 120 euros con botella de vino californiano incluido. Comemos tar-tar de salmón, de carne, una sopa típica, ensalada de patatas (algo parecido a la ensaladilla rusa)e Inna pide un discreto plato a base tortas de patatas. Sorpresa al recorrer el restaurante. Platos firmados por algunos celebres personajes están expuestos en una mesa central. Doy con dos conocidos, Gerard Depardieu y uno firmado por el gran violinista estadounidense Joshua Bell. Foto de su firma.
El segundo día en San Petersburgo lo ocupa el Hermitage y el Palacio de Invierno. Al final, visita a la Iglesia de San Salvador de la Sangre Derramada donde se halla el punto exacto donde asesinaron al zar Alejandro II de Rusia. Se tardo 24 años en construir este monumento por orden de su hijo Alejandro III. Como nota curiosa, Inna nos explica que en la época bolchevique esta iglesia se utilizó como almacén de patatas. Es una joya por dentro y por fuera.
Caminado parte del Hermitage, descubrimos otras obras de Van Gogh, unas maravillas de Canaletto y de un desconocido, para mí, Belloto. Inna nos introduce en las obras de Murillo, continuamos por las salas de otros pintores como Matisse, Picasso, Rembrandt, Monet...El tiempo pasa deprisa y tres horas son tan solo un aperitivo para esta visita.
Nos despedimos de Inna que ha abierto ligeramente su espíritu a tres catalanes y una pareja de chilenos y agradece nuestra alegría. Nos ha invitado a seguir una tradición rusa cuando llegue Fin de Año: “Escribir un deseo en un papel, quemarlo después y dejar caer sus cenizas dentro la copa de champán. Beberlo. “. El deseo se cumple por ambicioso que sea aunque confiesa estar esperando, aun, el que ambicionó el pasado 31 de diciembre. Aun queda año para que se consuma.
Quizá su deseo sea poder viajar a Europa con total libertad. Lo tiene complicado ahora mismo. El gobierno ruso sigue poniendo trabas para dejar ir y volver a sus ciudadanos libremente por el mundo. Esta reprensión me supera. Al pasar el control aduanero, una uniformada matrioska, sin brillos ni color, está deseando encontrar pegas. No las encuentra. Pasamos. Spasiba, poka…