Que la perplejidad me guarde de estudios, estadísticas y analistas convencidos.



Los medios ocupan a menudo espacios menudos rellenándolos a base de misantropía. Etiquetar al personal para que éste se disperse, o mejor aún, se remueva en un 902 o donde corresponda y de vidilla a un asunto altamente rebatible. Ahora les toca a los “féisboqueros”, ayer, nos había tocado a los que hurgábamos en internet, mañana, quién sabe…
Donde me calzo y visto, somos técnicos en ello. Examinamos a los demás (cuando digo demás digo al de al lado) rigurosamente, o quizá es que somos eternos desconfiados, retraídos sin enmienda... El que no fuma se obsesiona con en el fumador, al que no le gustan los toros se crece ante el aficionado a las corridas, el profesional se ofusca en el autónomo, el asalariado con el empresario, al que camina le angustian los que van en coche, los que van en coche eclipsarían a los moteros, los ignorantes odian a los maestros, el que es del Barça no quita el ojo al Madrid , etc. Alguien puede opinar que esto es bueno, que es útil, incluso higiénico, pero estimo que es justo lo contrario: maligno, infructuoso, desquiciado. Hay otras percepciones bastante menos hostiles muy cerca.
No se trata de un estudio, ni de un arte, ni tan siquiera pretende consideración. Es tan solo una emoción que no quiero evitar: La aversión perjudica la salud, al lacero y al cebo.