Prescripción:

alguien lo ha confesado antes, y alguien lo ha expuesto científicamente, mucho después: Los tímidos, tienen un elevado sentido de la responsabilidad, llegándose a creer, en algunos casos, que el mundo gira a su alrededor y esto va canalizando este sentir en una timidez que impide expresar y bloquea muchos actos porque los consideran fracasados antes de comenzarlos.

No queda otra que reflexionar en ello porque algo hay de verdad en estos mensajes que han llegado por distintos motivos y para nada afines y en los que se percibe un reflejo que pasma. Y tantos años de intentos, son muchos años para rendirse a parte de esta timidez que tantas cosas ha negado antes de emprenderlas. Solo, una vez en la memoria, venció la osadía al miedo y se arrojo tras algo sin pensar en las secuelas. Sin que estas la superaran, al menos lo suficiente, para bloquear aquel impulso que persiguió, no a escondidas, una locura inolvidable. La timidez, puede que impida actuar, pero cuando la timidez actúa, resuena hasta en Sorna. Y aunque no haya sido una vida excusada de otras locuras, ninguna sonó tan fuerte y asumida como aquella que no explico una vida de locura, no. Ni termino con la sensatez, la timidez o con resquicios de narcisismo, como tampoco alivio posteriores delirios que llegarían o deberían llegar. Solo manifiesto, en cualquier caso, que el problema existía. Demasiados años con sus respectivos esfuerzos, para no seguir intentando superar parte de este encogimiento y escribir, por ejemplo, sabiendo que es uno de estos pasos que siguen solicitando un gran esfuerzo, porque asumir un rol ilógico por una parte, e insostenible , por otra, no siempre tiene sentido y algunas veces refleja una angustia que quisiera seguir encubierta . Solo, el mero hecho de saber que hay una persona atenta, proyecta un compromiso aterrador pero al mismo tiempo seductor. El miedo, se traduce en largos silencios cuando no se consiguen superar y esconden lo que nunca ha estado expuesto por terror a que alguien descubra algo que sigue siendo un misterio hasta para quien lo lleva a cuestas. Y vienen a la memoria sentencias honestas que han dado algunos amigos y amigas, que han sido rechazados no por desacertados, sino porque eran juicios que tenían que alejarse del camino que conducía a la meta. Validar los esfuerzos ajenos, es también otra voluntad que hay que incluir en la mochila de los arduos intentos. Estos, si no, podrían desaparecer por falta de estímulos, aunque habría que saber buscar la manera de hallarlos en algún lugar más propio y profundo y reflejarlos de algún modo, modestamente. Hay días, que todo se divisa gris y furtivo como el mismo cielo que tapiza las codicias o los pasos. Hay días, que todo parece abrirse lentamente y emana esa luz que franquea imposibles. Aunque no haya nada que manifestar, la búsqueda asoma y se convierte en un paso más. Un paso adelante hacia un camino que indica que el fin está más cercano que ayer, pero sigue lejano.


Mejoras , si: Lo intentas, te olvidas de que alguien observa, te imaginas nadie, observas esfuerzos ajenos y los reconoces. Inventas un objetivo.
Saldremos a la lluvia - Manolo Garcia
Como era imaginable, como hubieran sabido pronosticar nuestros abuelos, sigue lloviendo y sigue subiendo el nivel de nuestras reservas de agua. Hemos pasado en menos de un mes del apocalíptico 20% al campante 40%. El pantano de Baells, luce de nuevo con esta bendita agua de Abril y Mayo . Ya no hay que preocuparse a corto plazo porque nuestras plantas y gansos acaben muertos de sed y, ahora, la preocupación reside en las soluciones que estaban a punto y bien atadas: El friqui-trasvase y los barcos de la Provenza que van llegando puntualmente. Y a estas, se añaden las inquietudes de algunos turoperadores, que dicen, notar el temor de algunos turistas que han renunciado a venir hasta Barcelona. ¡No será verdad!
La primera, era una hostil medida, y un elevado canon para una situación de emergencia que a la larga no era solución pero que algunos siguen defendiendo porque están comprometidos hasta el moño en ella. Lo segundo, aunque caro también, al menos mostraba la evidencia de que en una ciudad pequeña pueden haber grandes recursos si hay mentes diligentemente previsoras y además, sin necesidad de caer en lo ridículo que es proyectar mezquinos reproches a posteriori. Lo tercero, no me importa en absoluto(no es que odie al turismo, no me gusta que Barcelona esté de moda). Nunca como ahora había visto tanta certeza en aquello de que somos esclavos de nuestras palabras y dueños de nuestros silencios, porque la de burradas que se han llegado a escuchar en los distintos medios, acabaría con la paciencia de cualquier cumulonimbo hasta hacerlo estallar de aburrimiento justo encima de la cabeza de los mentecatos que las han soltado hasta ahogar su seco espíritu. Y aún así, todos, quiero suponer, celebramos la lluvia que ha caído, cae y caerá sin excepción, pero nadie como los barceloneses experimentan a diario el placer ver caer esta lluvia que fluye rítmica y tenazmente sobre toda la ciudad y sobre todo el territorio catalán porque era algo que no sucedía de manera tan evidente hacía muchas primaveras. Y me alegro por las ocas de Pedralbes y por las de la Ribera. Me alegro porque no tendré que usar este verano mi manguera a escondidas y de noche ,como si fuera una vulgar raptora, y me alegro, igualmente, por aquello de no necesitar de quien no quiere dar y lo que da lo considera, sisado. Aunque espero ahora, una propuesta seria que se realice al fin y que ahorre a todos la vergüenza de hacernos pasar de nuevo por éste mal trago, que aunque sea de agua, intoxica hasta al mas acostumbrado sentir.
Bernard Devauchelle, cirujano que dirigió el primer trasplante de cara de la historia

Nací a mediados del siglo pasado en Amiens, estudié allí y me especialicé allí: nunca necesité dejarla para ser buen médico. Fui bien educado por los jesuitas. Mi político favorito era De Gaulle, pero no era un político. Soy anarquista y monárquico. Colaboro con la clínica Planas

Isabelle se levantó un día tras haber tomado pastillas para dormir y fue a encenderse un cigarrillo, pero no se encontró la boca... ... Fue a mirarse en el espejo y allí, en lugar de su boca, había un agujero sanguinolento y, alrededor, su rostro se había convertido en masa informe de piel, carne y tejidos que su perro había desgarrado...
... Cuando nos pidió ayuda, era una mujer sin identidad, poco menos que un monstruo. ¿Cree usted que podía denegarle esa ayuda?

¿Alguien lo cree?

Pues sí. Alguien lo cree. Hemos sufrido críticas, yo creo que injustas, de puristas que afirman que un trasplante sólo es justificable en caso de vida o muerte...

Isabelle era una muerta social.

Otros apuntaban que si podíamos utilizar una prótesis, ¿para qué trasplantarle el rostro de un cadáver? Aún estamos en el centro de un gran debate científico-ético, por eso los siguientes trasplantes de rostro se están cuestionando y revisando con lupa... ... Hubo algún colega que pronosticó que Isabelle acabaría arrancándose el rostro trasplantado presa de terribles traumas.

¿Cómo está ahora Isabelle?

Bien, muy bien. Han pasado dos años y medio desde el trasplante. No tiene secuelas y lleva una vida normal.

Supongo que supervisan su evolución.

Desde luego. También un psiquiatra.

¿Cuándo supo que había ido tan bien?

El día en que Isabelle me dijo que había ido al cine y nadie la había reconocido.

¿Fue un trasplante complejo?

No le voy a aburrir con detalles quirúrgicos: los ha publicado Lancet.En realidad, el procedimiento en sí del primer trasplante de cara no es técnicamente espectacular.

El efecto sí que lo fue.

Ese es nuestro principal problema. Hemos sufrido la misma presión mediática que en su día el doctor Barnard con el primer trasplante de corazón: tuvo que trasplantarse un corazón para que la humanidad admitiera que sólo se trataba de un músculo.

¿Qué le criticaron como a Barnard?

Que practicábamos medicina espectáculo, pero la respuesta que siempre me he dado ha sido una pregunta: "¿Puedo ayudar a un paciente? ¿Puedo...?". Si puedo, lo hago.

¿Qué es una cara?

Si quiero provocar, le diré que un rostro humano es sólo un trozo de carne y un amasijo de tendones y tejidos...

Pero no va a decirme sólo eso.

Porque es mucho más. Esos tejidos sobre nuestra máscara facial experimentan una singular transustanciación.

Término místico.

Porque lo que logra un rostro tiene algo de místico: la carne se transforma en emoción, en expresión de sentimientos, pasa de la emoción a la carne y de nuevo a la emoción que contagia en los demás...

Pero el rostro de Isabelle no es suyo: se lo trasplantaron de un cadáver. .

.. Se me ocurre que un rostro es como las flores japonesas sumergidas en agua y que de repente florecen: son materia, pero en un instante son emoción.

¿Pero son sus emociones?

Usted me está preguntando si la cara de Isabelle es hoy la suya. Si Isabelle con el rostro de otra persona sigue siendo Isabelle...

Sí. Eso le pregunto.

¿Qué es la identidad? "La gente - dice Rilke- tiene multitud de caras: cada uno de nosotros tiene miles". Usted mismo no se reconocería si acortara su mentón cinco milímetros...

Otro día, doctor, gracias.

Si lo hago, se mirará de frente y dirá: "Soy yo", pero de perfil dirá: "No soy yo".

¿Qué hace que mi cara sea mi cara?

La máscara ósea que se encuentra bajo ese amasijo de piel y tejidos que ahora hemos trasplantado: ahí está la clave de la individuación facial. Por eso el resultado del segundo trasplante de rostro que se ha realizado en China no ha sido tan bueno, porque han implantado hueso.

¿Isabelle se reconoce de frente y perfil?

Isabelle ha recuperado los tres tipos de identidad que todos tenemos: esa personal que depende de la máscara ósea; la colectiva, que sería nuestra capacidad de reconocernos en un grupo, de no ser un monstruo: es esa posibilidad de no distinguirte que hace feliz ahora a Isabelle cuando va al cine...

Un alivio, ser anónimo.

... Y una tercera identidad legal, judicial, administrativa, cuyo reconocimiento depende en parte también de nuestros rostros, que forman parte de nuestra individuación.

¿Isabelle la ha recuperado?

Sí, porque aunque sabe que ese trozo de cara que le hemos trasplantado proviene de un donante muerto, la ha reconstruido.

¿Prepara usted más trasplantes?

Existen enormes presiones dentro y fuera de la profesión para frenar la normalización del proceso. Y me temo que la presión mediática no nos ayuda en absoluto. Me refiero al sensacionalismo de ciertos medios...

No es el caso.

Lo sé. Usted es serio, pero las autoridades tienen miedo de ser acusadas de ligereza si permiten más trasplantes de rostro.

¿Y usted qué piensa hacer?

Yo sólo me he propuesto ayudar a mis pacientes. Tengo uno que reúne todos los requisitos para un trasplante y haré todo lo que pueda para ayudarle.


Caras muy caras
El doctor Devauchelle recuerda que, a partir de cierta edad, cada uno es el único responsable de su cara... Y hoy además, digo yo, de pagársela. Así que más que nunca la lectura de caras o fisiognomía no es mera especulación, sino fundado análisis de personalidad, completado por una sentencia del propio doctor: "Nuestra piel es el pergamino en el que escribimos la historia de nuestras vidas". La de Devauchelle hace juego a la perfección con sus bifocales con aire de impertinentes, gran instrumento para interpretar su discurso sobre la ética médica y la ayuda al paciente con bello aparato de citas literarias y científicas. Y ese puntito esnob y charmant retro de gaullista, ergo monárquico.
LLuis Amiguet. La Vanguardia
Una reunión, ayer, de noche y con música de fondo, en la que encuentras a personas que hacía años, muchos años que no veías, personas, de las que últimamente ni habías sabido ni por las que te habías preguntado. Sencillamente, no estaban ya en tus pensamientos. Las costumbres cambian, unas veces a la fuerza, otras, voluntaria o circunstancialmente. Ves, aquel niño que un día corría por los pasillos de tu casa hecho ya un hombre, y con traje. Su madre y su padre que un día te hicieron compañía antes de abrirse las puertas de la escuela. Tu hijo, sigue con jeans y camisetas, a pesar de que también la madre del que ves tú hecho un mozo, lo ve a él, a la par, mayor. Esta noche, se despiden o, mejor dicho, les despiden oficialmente de la escuela donde se han pasado yendo y viniendo quince años. En la misma escuela donde antes, habían ido y venido sus hermanos, pero sin fiesta de despedida. Esta noche, hay despedida, hay una gran pantalla donde pasan las fotos de todos estos chicos y chicas y hay un refrigerio para rematarla. Hace unos años, había apretones de manos y deseos de suerte recíprocamente donados. Y mezclado entre todo esto, esta noche, están casi todos aquellos profesores y profesoras que un día se encargaron de enseñarles todas las cosas que saben y no han aprendido en casa. En casa, se aprenden cosas pero también se aprende a desaprender y a vivir acomodadamente. Imagino, que para esto es una casa, para sentirse a gusto. Todos, están, los que están, casi igual. Unas pocas más de canas y arrugas pero, piensas, apenas unas imperceptibles diferencias sin importancia y, observas, que siguen emitiéndote las mismas vibraciones, buenas o menos buenas que entonces. Entre estos profesores, se encuentran los que un día exaltaron el buen hacer de tus hijos y los que se preocuparon por su mal hacer, aunque fuera por su falta de hacer. Hoy, te preguntan qué hacen ellos y has de responderles sinceramente: La que hizo tanto y tan bien, está bien. El que hizo poco, está muy bien, y éste, el que se despide, está de perlas de momento y ya se verá como seguirá de aquí unos años. Sebas, el profesor que tanto se preocupo por el que no hacia demasiado cuando podía hacer mucho más, escucha y sonríe y promete llamarlo un día. Imaginas, o adivinas en su gesto, que aquella intranquilidad, hoy, le parece muy lejana. Más que a ti, porque tú aun la tienes en la memoria bastante fresca, casi como si fuera hoy y aun sigues preguntándote, a veces: ¿Le irá bien, les irá bien? Pero, hoy, has de reconocerlo, es todo como una fiesta, como esta fiesta de despedida en la que el único contraste irrefutable que existe con ayer, son los nombres de los que se van, vuestras contadas canas y arrugas y los centímetros que todos estos chicos han crecido. Y todo ello, está bien, muy bien.
Here Comes The Sun - Paul Simon and George Harrison
Esta mañana, tenía el propósito de escribir de otra cuestión, pero, al conectar con una página en la que suelo entrar y leer siempre la primera del día, cuando no he de salir a toda prisa, he tropezado con una extraña casualidad. Extraña, aclaro, no significa a mi entender algo malo ni bueno, si no algo que no sabes descifrar, algo, que no sabes precisar. Algo que sucede, que no es una alucinación y, sin embargo, lo parece porque en ella suceden una serie de coincidencias que no son factibles de darse porque no hay una aparente conexión que al menos, tu, sepas explicar. Y dudas más de lo que habitualmente dudas. Dudas entre si deberías manifestarlo y cómo, o si deberías recurrir de nuevo al silencio mientras esperas que se de otra coincidencia, si es que se ha de dar ( tendencia de pensamiento cristiano de la que no he aprendido a desligarme, aun), o abiertamente, has de confesar a la persona que desde lejos, en otro lugar y rodeada de distintas circunstancias a las tuyas, ha coincidido tan claramente con tu opinión aun usando sus propios elementos que en nada se parecen a los tuyos. Pero, no es este detalle el que se te hace tan extraño, exactamente. El asombro y la duda surgen porque tu ayer y ,él, hoy, hayáis escrito sobre la misma inquietud, del por qué de vuestros silencios y del por qué y del cómo acabáis expresándolos. A veces, solo a veces, hay en el universo estrellas que chocan y ellas no lo saben pero en su tropiezo, emanan una luz brillante que nos circunda en un hechizo y nos sostiene la imaginación. Sabes que no es para ti, sabes, también, que no deberías callarlo aunque se te hace muy difícil expresarlo, sabes, que no hay un vinculo evidente y posible que acerque a dos pensamientos tan símiles en tan poco tiempo y que es inverosímil pensar en otra posibilidad, pero también sabes que, alguien, o algo, lo ha acercado a ti con la única intención de inspirarte o, quizás, haya entre las grandes distancias de los cuerpos y la mente un camino corto que los une y aún no hemos sabido alcanzar.


Dels, Contes del Tirsa. De la Virtud del silenci (Otger Miralles).

De vegades, i només de vegades, perdo els papers i m’oblido de la virtut del silenci. Fa unes nits al Tirsa em va tornar a pasar. Mireu, amb l’edat i la experiència descobreixes que si parles de temes que no interessen gaire als teus amics, aquests mostren una natural tendència a ignorar-te, engegar-te a dida o bé directament, enfotres.
Per exemple, ja no provo a parlar d’art o de còmics si no és amb en Prats o en Sànchis, que són els ùnics que comparteixen l’interès. La resta tots són de lletres ferides o coses pitjors i em fan sentir ben estrany. Per això quan per un descuit en el bell mig d’una conversa em va sortir d’afirmar que l’ùnica referència històrica a Jesús de Natzaret la feia en el seu llibre “Antiquitatis Iudeorum” un tal Flavius Iosephus, tots els escribidors és van fotre a riure cridant qué cap historiador seriòs podria tenir un nom així.
He tingut que aguantar les brometes des de fa d’un parell de mesos. Sobretot cada cop que obria la boca per dir una parida, ja els tenia ballant i cantant amb grans riallotes: “flaviuuusssiosephuuusss”, “flaviuuusssiosephuuusss”…
I no pasa res si en Ferdinando troba la referència en una novel.la d’en Mendoza i com fil.losof amical prova de reivindicar-me. Res a fer: “flaviuuusssiosephuuusss”, “flaviuuusssiosephuuusss”…
Mireu, jo al.lucino quan en Badó, ja cap el tard, li dona per mostrar-nos el tresor de poesia que enmagatzema en el seu coco, i amb veu brillant i sentida t’il.lustra amb els poetes clàssics i els moderns. O quan el Profe s’arrenca amb una saberuda i pormenaritzada dissertació sobre la famosa “caiguda de les preposicions”. O quan en…Però les Princeses d’avui s’en refoten de la poesia i si es preocupen de les preposicions és per tal es mantinguin ben erectes i sobretot que no caiguin.
Que voleu, a mi m’atreuen els coneixements inùtils i extranys, només sóc ninotaire i em perdo en ximpleries, o sigui que ho tinc pitjor pel que fa a les Princeses. Artista, pobre, sense glamour i una mica ximple em diuen rient els col.legues de barra… on vas a parar… deus follar ben poc, s’enfoten.
I tornen a cantar “flaviuuusssiosephuuusss”, “flaviuuusssiosephuuusss”… No apendré mai a callar.
Mi opinión de los blocs, es que son antes que nada un instrumento y que sirven ante todo, de pasatiempo. También, , son una especie de cofre donde vamos guardando todo aquello que se nos ocurre mientras intentamos comprender a otros y no hemos podido o sabido hacerlo en un determinado momento. Caminas, trabajas, lees la prensa, convives con determinadas personas, escuchas múltiples comentarios pero no hay tiempo a reaccionar a todo en el instante en que lo vivimos y se crea un poso que hay que tamizar de alguna manera. En cualquier caso, un espacio como éste, es un estimulo, a veces, es un pequeño compromiso hacia uno mismo y es la posibilidad de comunicarse. Conseguir comunicar algo, no está garantizado, pero la esencia de un bloguero, la intención de alguien que crea un espacio donde desgranar todo aquello que le inspira, es la de comunicar. Como la intención de quien almacena fotos en un caja de cartón es la de salvaguardar imágenes que sabes que de aquí un tiempo serán difusas pero aliviaran la curiosidad de alguien que busca hurgar en un pasado falto de referencias. Es, a veces un impulso sencillo, como acariciar y dejarse acariciar sin otra intención que disfrutar del roce. Ayer, puede que irónicamente, puede que de forma muy reflexionada, alguien decía que un blog le parecía un diario personal para exhibicionistas. Si, evidentemente es un lugar donde los demás, quienes elijas, conocidos o no, pueden leer y descubrir que inquieta o ciertas carencias de quien escribe, pero sería un error creer que leyendo a quien escribe podemos conocer a quien escribe solo por leerle. Escribir, puede ser también, un camino a la confusión, y, como pensaba Pasavento, una manera de esconderse, una herramienta para buscar una atajo en el que desvanecerse entre las palabras, con el único fin, de un día, desaparecer anónima y definitivamente.

Son las 7.45 y de aquí 45 minutos sale el tren. Corriendo, sales de casa a las ocho en punto para coger el metro que te ha de dejar casi a pie del tren. Abres el bolso para comprobar si la T10 sigue ahí. Al introducirla en la máquina sale disparada sin equivocarse porque los diez pases de que dispone se han agotado. Podría haberse acabado ayer, hoy, has de aprovechar los segundos y cualquier casualidad en contra significa un descalabro. Por fin estas en el metro camino del Passeig de Gràcia. Vuelves a mirar el reloj porque te da la sensación que hoy el metro avanza parsimonioso. Son las 8.17 y aún estás en Lesseps. Por fin llega el metro a su destino y tu sales driblando cuerpos que a esta hora son muchos . Hoy, no tienes tiempo de mirarles la cara ni sus bolsos o mochilas, cosa que haces casi siempre por aquello de adivinar si alguno de ellos podría ser sospechoso. ¡Menuda tontería! O no. Sigues corriendo al subir por las escaleras mientras piensas que de aquí unos años estas escaleras se te harán imposibles pero ahora aun puedes escalarlas deprisa. Mucho más deprisa de lo que lo hacen la mayoría que parece no tener prisa, hoy. A llegar a la maquina expendedora de billetes hay dos personas en cada máquina menos en una y a esta te diriges pensando que será la más rápida. Pero, resulta que en esta solo hay una persona y es alguien que no ha sacado antes un billete de tren por este sistema y después de dos largos minutos, te pregunta como hacerlo. Rápidamente, le respondes mientras la maquina que está justo detrás queda libre. Te diriges a esta y sacas el billete no sin dificultades porque éste maldito billete de cinco euros se resiste a entrar y tiene muchas arrugas. Hace demasiado tiempo que va de mano en mano y de billetero en billetero y como es natural, se resiste a pasar por el tubo, aunque por esta vez, lo ha hecho al fin. Corriendo, también, vas en busca de la Vía 2 que es la vía adecuada en esta ocasión y esperas a tu tren. Ya te sientes tranquila. Antes de tu tren, pasan tres más en pocos minutos y tienes por fin tiempo para detenerte a observar algo. Esta vez, tu victima son las escaleras de los trenes. El ultimo que pasa antes que el tuyo es regional y, observas que la escalerilla para subir y bajar de este tiene más de 60cm de altura. Ves bajar y subir a las personas, todas más bien jóvenes que a saltos lo logran. Te preguntas como lo harías para subir y bajar de aquel tren de aquí unos años, cuando las escaleras se conviertan en un mundo y los peldaños que las forman sean tan impertinentes como estos. O como lo hubiera hecho alguien con un pie escayolado, o con un bebé en su cochecito. Recuerdas, que hace poco conociste a un ingeniero que según su esposa, diseño los trenes que ahora ves pasar y al que estuviste a punto de dirigirte pero no hiciste por aquello de siempre, la timidez o la prudencia, o las dos cosas juntas. Llega tu tren, subes y si no hay contratiempos sabes que en 45 minutos estarás en tu destino. Fue allí, precisamente, en la estación de Cardedeu antes de dirigirte a Barcelona , que fuiste testigo de cómo tropezó el cochecito de una mujer que por suerte, iba vacio. La madre tuvo la precaución de coger al bebé en brazos y un chico joven la osadía de recoger en un plis- plas el cochecito que había quedado entre la vía y el tren. Un buen susto, nada más . Entonces, pensaste en escribir al respecto pero no en escribirlo en un bloc o en un foro, si no en un papel o mail dirigido a RENFE, o al responsable de infraestructuras y transportes. Tampoco lo hiciste. Un día, para ti, estas escaleras se harán un mundo y su dificultad, insuperable. Hoy, para algunos ya lo es, así que vas a escribir hoy para ver si mañana alguien decide observar, escuchar y hacer las cosas universalmente bien.

El sexo de los ángeles

Una de las más lamentables carencia de información que han padecido los hombres y mujeres de todas las épocas se relaciona con el sexo de los ángeles. El dato nunca confirmado de que los ángeles no hacen el amor, quizás signifique que no lo hacen de la misma manera que los mortales. Otra versión, tampoco confirmada, pero más verosímil sugiere que, si bien los ángeles no hacen el amor con sus cuerpos por la mera razón que carecen de erotismo lo celebran, en cambio, con palabras, vale decir, con las orejas. Así, cada vez que Angel y Angela se encuentran en el cruce de dos transparencias, empiezan por mirarse, seducirse y sentarse mediante el intercambio de miradas, que, por supuesto, son angelicales. Y si Angel para abrir el fuego dice "Semilla", Angela para atizarlo responde "Surco". El dice "Alud" y ella tiernamente "Abismo". Las palabras se cruzan vertiginosas como meteoritos o acariciantes como copos, Angel dice "Madero" y Angela "Caverna". Aletean por ahí un ángel de la guarda misógino y silente y un ángel de la muerte viudo y tenebroso. Pero el par amatorio no se interrumpe. Sigue silabeando su amor. El dice "Manantial" y ella " Cuenca". Las sílabas se impregnan de rocío y aquí y allá, entre cristales de nieve, circula en el aire, sus expectativas. Angel dice "Estoqueo" y Angela radiante, "Herida", el dice "Tañido" y ella dice "Relato". Y en el preciso instante del orgasmo intraterreno, los cirros y los cúmulos, los estratos y nimbos se estremecen, entremolan, estallan y el amor de los ángeles llueve copiosamente sobre el mundo. (Mario Benedetti)

A veces, desearías llorar pero es imposible hacerlo. Hay momentos que la mente quiere llorar y el corazón se lo impide, o puede que sea a la inversa y es la mente quien no deja que el corazón llore aunque los dos, corazón y mente, uno triste y el otro lúcido, están unidos en un acuerdo sereno: La muerte a veces, es un regalo de Dios.
Después de unos días de abandonamiento alejada de casa, alejada del día a día y cerca del mar, suena el teléfono para anunciarte la muerte de una persona muy querida, Genoveva.

Genoveva, es mi prima porque se casó con mi primo y a la vez padrino, Manel, y también era la hija mayor de la portera de Padilla. Hace ya muchos años se enamoraron y decidieron casarse y tener tres preciosas y buenas hijas que la querían y lo demostraban, además. Genoveva, era rubia antes de perder su cabello en las sesiones de quimioterapia. De un rizado rubio de finos cabellos y unos ojos azules de un azul de mar, precisamente, que siempre estaban muy abiertos buscando todos los pequeños detalles que tu creías invisibles a simple vista. Para Genoveva, era fácil descubrir la falsedad de una correa en un reloj de marca o saber si unas perlas eran autenticas o un fraude solo mirándolas a cierta distancia. Por otra parte, Genoveva no era demasiado presumida y siempre estaba peleando entre su hambre y el maldito régimen que no abandono en toda su vida aun sin obtener de aquella fidelidad, demasiada correspondencia. Si algo admiraba de ella, es que siempre estaba dispuesta a reírse de si misma y de quien se prestara o diera pie a hacerlo. También la alegría que demostraba al encontrarse con cualquiera de nosotros en el rellano de la escalera de Padilla, o en una celebración familiar, o cada 1 de Enero en su casa donde se seguía celebrando sin falta cada año Sant Manel, y en la que nunca faltaba nadie porque las risas y evocaciones familiares estaban asegurados. A ella fue a quien confesé mi supina ignorancia a los 17 antes de subir al altar, y ella fue quien me desveló con naturalidad, y también con risas, algunos de aquellos secretos que a nadie más, ni siquiera a mi propia hermana, hubiera consultado nunca. Genoveva, era robusta y necesitaba de aquella robustez física para resistir los años de mucho trabajo y esfuerzo que la esperaban y desempeño en aquel puesto del mercado de la Sagrada familia. Genoveva, tenía un buen culo y grandes caderas, decía, pero eran más grandes sus reaños que le sirvieron para resistir, igualmente, el compartir los escasos ochenta metros en aquel piso de Padilla que nunca abandonaron, en el que ha muerto, y en el que ha vivido muchos años al lado de su marido, sus tres hijas, su suegros y con Mamen, la señora que había cuidado de su marido cuando era pequeño y que éste no quiso abandonar a su soledad en le vejez. A pesar de todo ello, Genoveva, era capaz de sacar el humor de donde quedaba un cacho y transmitirlo. Pero un buen día, hace ya más de un año, justo cuando comenzaba a disfrutar de su cosecha, le detectaron un cáncer que la ha llevado después de dos operaciones a casi una total inmovilidad y ha ido borrando de ella prácticamente todo, excepto su sonrisa. Esa sonrisa infantil, quizás inconsciente o quizás no, que ha mantenido hasta ayer . Pero, esta maldita enfermedad no solo ha acabado con ella, sino con algo de todos nosotros. Se acabaron los días 1 de Enero en casa de primo . Se acaba con Genoveva la parte viva de una familia , la versión fresca y alegre de lo que debiera ser siempre. Con Genoveva , se acaba un ciclo también para mi que recordaré mientras viva porque ha sido autentico .

Bon repos, Genoveva. T’estimem.

A veces, crees que no vas a poder llorar nunca algo que te duele y las lagrimas aparecen por el motivo más absurdo. Cuando al otro lado del teléfono alguien te pregunta qué flores deseas enviarle, o qué dedicatoria ha de acompañarlas y quisieras reflejar en estas todo lo que sientes y no puedes porque no hay flor ni dedicatoria breve que sea digna. Simplemente y por fin, lloras.
Unos días fuera, viajando. ¿Viajando? No, viajar es otra cosa muy distinta. Decir viajar es inexacto cuando solo han sido unos días lejos de la rutina. O tampoco tan lejos, porque es corriente estar entre personas ávidas de diversión, deseosas por comer bien y demasiado, o afanosas por consumir cualquier cosa a la que sean invitadas. Unos días de abandono es más preciso. Porque en realidad, la única diferencia está en que durante unos días, estos días, te has sentido más que nunca parte de un grupo de personas convencidas de que había algo aún por hacer y que mientras tanto, hacías por hacer todo aquello que forma parte de un plan, de una programa diseñado de antemano para dejarse arrastrar por la inercia que empuja a todos hacia el mismo lugar, precisamente, para no dar tiempo a pensar. La mar ha estado en calma meciendo a más de tres mil personas a menos de veinte nudos a la hora para que todas pudierais olvidarla mientras buscabais algo para comer y beber aun sin hambre o sed sentados por aquí o por allá, a la vez, que algo parecido a un barco iba haciendo millas lentamente y os transportaba. Y mientras ella, serena, arrastraba todo un mundo insensible a su positiva influencia, y mecía lentamente ciento quince mil toneladas de masa, la muchedumbre, alejada del mar más que nunca, buscabais lugares parecidos a los de siempre para hacer algo diferente. Y es verdad que aunque no ha sido un viaje, ni han sido unos días muy lejanos a la rutina, ni había en realidad nada diferente a tu alrededor, has encontrado la única manera de dar con esta diferencia acercándote a mirarla, a mirar la inmensidad de una mar plácida que también rodea una isla placida y cercana que parece encantar del mismo modo a sus habitantes con una dulzura y una cordialidad insólitas, mientras soporta felizmente la invasión de miles de forasteros que llegan desde la misma mar a visitarlos. Desde un mar ,en calma, impasible hasta a nuestra indiferencia.