En paus (En paz)

Los " internautas"  son esa autoproclamada vanguardia neoleninista que cree que internet es su cortijo.


Empiezo “copiando” un artículo de Fernando Savater enlazado al País. Sin él, no vendría lo siguiente. Lo siguiente,  viene después de leer dicho artículo y de seguir pensando en él mientras me revolvía con las manos el cabello para desprenderlo del cuero cabelludo al que se aferra siempre tras ocho horas adherido a la almohada, mientras, yo, duermo para poder ver más claro al día siguiente. Puede que alguien después de esto vaya corriendo a leer la opinión de Savater, o puede que ya la haya leído. Quizá ni lo uno ni lo otro. Hace tiempo que voy siguiendo a los defensores de la Ley Sinde y a los que la embisten. Los primeros, autores o intérpretes de más o menos prestigio, se aferran al escamoteo de sus derechos para justificarla. Los segundos, se aferran, o aferramos, al abuso establecido. Como siempre que estamos en un Estado de izquierdas, ganan los de izquierdas. Aunque lo que ganen y nos ganemos, sean amputaciones  lentas, reiterativas y particulares a nuestra dignidad. Esto duele. Si estas son  perpetradas y razonadas en manos de izquierdosos,  duelen mucho más... Nos duele muy mucho, como dice Tolola,  porque los que nos hemos entrenado en su arte, y en el arte de curtirnos en el repetido desengaño , y aun así, seguimos “conectados” a  corrientes desfavorables, hoy, ante algunas de sus declaraciones cortas de argumentos y falsas porque no dicen lo cierto, nos destrozan toda una vida de complacida frustración . Es por ello, y más, en mi caso, que duele ir a la contra de un Serrat, que ha cantado a Papasseit o a Foix,  a la contra de un Sabina que exhuma  un pasado bucanero, o a la de la de un Sanz (aunque a este sigo  sin entenderle un carajo  lo que canta). Duele, pero como dice la canción, resistiremos.
Por eso, y mucho más, he decidido eliminar la música de éste humilde (por poco leído y por menos trabajado) blog. Siempre creí que copiar era un recurso para los que como yo, indocumentados por vocación o por  la mala leche de algunos, seguíamos en el intento de aprender y de complacer a otros. Pero,  y  aunque siga pensando que copiar no es un delito cuando se copia a los sabios , aunque siga pensando que en cada copia nace algo de original y es lo que nos eleva, y  que ser copiado es una bendición para el “copiado”, a pesar de todo esto, he dejado de confiarme en sus palabras, en las palabras de los que están ahí al lado, cantando y componiendo a base de escuchar mucho, de copiar bastante y de, en definitiva, trabajar para su beneficio. No es que me parezca mal que lo hagan, solo lamento y lo lamento mucho, que lo hagan, hoy,  en contra de todos los términos que han incluido en sus temas que estimulaban, muchas veces, a la insumisión, al inconformismo, a la perrería. 

Mírame y no me toques, pero mírame. 

Los he leído, los he mirado y los he escuchado. Y ahora que quiero tocarlos...
Para ellos, soy, ahora, quien defiende la “ley del Oeste”, la que roba un chorizo en el supermercado o la que discute una vacuna a un niño africano. No tengo más arma  que la de la palabra y  la  rebeldía. Mi sencilla rebeldía. No voy a promocionarles ni en juegos. Tengo música y letras en mi biblioteca, comprada, para  engullirla  hasta morir. Resistiré. Y mientras tanto, esperaré el desenlace final, quizá fatal de todo este asunto. La paciencia no me la han dado ellos, autores o artistas, mi paciencia es heredada, por tanto, heredable,  sin cánones ni impuestos añadidos. 


Hasta que un día el experto artista de la mirada
no tuvo bastante
con palpar la niebla.
Quiso ser menos "Polaroid" y más almohada
Tuvo un mal momento
y rompió las reglas.
( Joan Barril)


Polifonía





Trazar  un punto en mitad del bullicio.  Nadie echa en falta lo que no ha estado. Huida  por un tiempo porque no existe en lo insurrecto  algo  que reprochar si no es percibido. Apegos.  Impresiones, y ningún orden aporta avenencia, ventaja o tracción. En la cabeza algo está a punto de estallar por culpa del vino,  de más vino que espuma  frías burbujas,  del otro vino y de un  postrero coctel que banderillea  en la cabeza como un sarpullidlo de abejas necesitadas. El ultimo cigarro insociable. Otro deseo. Ondas.  Discordancias. Ganas de entrar y ansias de partir. Apetencia de letras despedidas y malgastadas sobre un  blanco mantel. Sed de agua que no regresa cuando ya ha pasado.   Somnolencia evaporada en el aire libre de humo y cargado de gérmenes. Incongruencia entre medias verdades. Voces que murmuran. Ecos surgidos de botellas ahora vacías en el suelo. Derroche y duelo de lo innecesario porque siempre pena lo que no hace falta. Vuelta al principio de lo aprendido y nada  nuevo  cultivado. 12. 2011.  11.55. Descanso. Números.  Vals. Disciplina y belleza, juntas, tono de un  emblema que sucede cuando todo lo que sucede es un objetivo que ha de acontecer,  cuando no hay lugar al descuido. La clave de sol  anuncia  que un orden no es un castigo, es una disposición alterada para disolver los pecados de labios impuros. Ut queant resonare famuli tuorum laxis fibris. Y dejar en el aire, privado de humo y de bacterias, burbujas que lidian, al  fin, purificadas.